¡El médico tenía razón!

Un remedio seguro para el estrés.

Era una “máquina de trabajar”. Pasaba en su empresa largas horas al día. Y, como ansioso e hiperactivo empresario, desde hacía un tiempo se sentía cansado y estresado. Por la noche le costaba dormir, y durante el día lo dominaba su obsesión laboral. Era natural, entonces, que sintiera sus fuerzas menguadas y su ánimo caído.

El hombre fue a consultar a su médico.

–Me siento cansado y abatido –le confesó al doctor–; no puedo manejar mi trabajo como antes. Y eso me perturba. Necesito recuperar mi energía y mi buen ánimo…

Luego de escuchar atentamente el relato del paciente, el médico le dijo sin vacilación:

–Usted está abusando de su salud. Debe reducir sus horas de trabajo. ¡Tómese un día para descansar!

–Es que no puedo, doctor; mi fábrica no puede detenerse.

–Quizá su fábrica no pueda parar –repuso el médico–, pero usted deberá hacer un alto si quiere volver a sentirse bien.

–Pero ¿cuándo?, ¿qué día? –preguntó intrigado el hombre.

–Un día completo por semana –respondió el médico–. Descanse el día que Dios estableció para el reposo semanal, y luego veamos los resultados…

Con cierta desconfianza, el hombre hizo la prueba. Y, para su sorpresa, a las pocas semanas disminuyó su estrés y mejoró su estado de ánimo. El médico consultado, cristiano como era, no había hecho más que recetarle a su paciente el antiguo precepto divino de trabajar seis días a la semana y descansar el séptimo, es decir, el sábado (ver Éxodo 20:8-11).

Por nuestro bien integral

El ciclo semanal de siete días es un verdadero ordenador de la vida. Nos mueve a la acción del trabajo digno y provechoso. Pero, a la vez, nos reserva el séptimo día de la semana para el descanso físico, emocional y espiritual que tanto necesitamos a fin de combatir las tensiones y aliviar nuestras cargas.

¿Quién mejor que nuestro Creador para decirnos cómo debemos vivir? Y, si él estableció un día especial de la semana para la recuperación de nuestras fuerzas, es porque allí hay una importante fuente de bienestar, paz y fortaleza para nuestra vida.

Por eso, “Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora” (Génesis 2:3, énfasis agregado). En primer lugar, Dios “bendijo” este día séptimo, o sábado, con una bendición que no colocó sobre ningún otro día de la semana; luego, el Creador “santificó”, hizo sagrado, este día particular de la semana; y, finalmente, el Señor “descansó” en ese primer sábado, no porque estuviera cansado, sino para darnos el ejemplo.

¡Cuántas personas de nuestro tiempo se desgastan por su trabajo excesivo, las preocupaciones y las ambiciones! Sus nervios están tensos, y hasta sus relaciones personales están alteradas. ¿Qué necesitan estas personas? Paz para su corazón atribulado, alegría para su sinsabor interior y descanso para su cuerpo fatigado. Estos tres atributos –paz, alegría y descanso–, en su grado máximo, son dones del Altísimo.

¿Sientes, por momentos, que el estrés te oprime, o que la carga de la vida te agobia? Dios te dice: “No te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (Isaías 41:10, énfasis agregado). Y, junto con esta alentadora promesa de amor, el Creador nos recuerda: “Tengo un regalo de bendición y felicidad para tu vida. Es el sábado, el día de reposo que he apartado para ti. Acéptalo, y disfruta de él”.

El médico cristiano de nuestro relato inicial tenía razón: el descanso en el verdadero día del Señor es una enorme bendición. Alivia el cansancio del cuerpo, promueve la paz del alma, contribuye al equilibrio mental y favorece la buena relación familiar. ¿Notas cómo el sábado es uno de los mayores beneficios que Dios nos ha dado para nuestro bien integral? –Enrique Chaij.

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