Solo para Esposas!

En arquitectura, las columnas usan para soportar el peso de una construcción y sostener toda la base de una casa. Sin ellas, las construcciones serian frágiles.
Ser columna significa dar sostén, fortalecer, apoyar y soportar. Pero ¿cómo puede ser una esposa columna del hogar?
Viví una situación que me hizo darme cuenta de cuán importante es que nosotras, las esposas, intercedamos continuamente por nuestro esposo y nuestros hijos. Además, somos bendecidas cuando cumplimos nuestro rol de columna del hogar.
Cuando nació nuestro primer hijo, mi esposo no ganaba lo suficiente para nuestro sustento y tenía mucho miedo de cambiar de empleo. Yo lo comprendía, porque no estábamos solos los dos, ahora teníamos un niño que dependía de nosotros para vivir.
En la desesperación, nos olvidamos de buscar a Dios en primer lugar, pero él, en su fidelidad, nos habló al corazón y buscamos juntos, en oración, un milagro. Y así se hizo, se abrió una puerta y el nuevo empleo suplió todas las necesidades que teníamos.
Dios conocía la necesidad, pero estaba esperando nuestra iniciativa. Debemos estar atentas a la voz de Dios, porque una acción dirigida por él, puede cambiar el rumbo de la historia, bendecir a nosotros y las personas que amamos.
Ser esposa y columna del hogar es estar siempre atenta a las necesidades de tu familia y ser intercesora, cubriéndolos de oración, clamando a Dios por sustentación.

Abajo hay algunas sugerencias sobre cómo puede llegar a ser una esposa, columna del hogar:
Sea amiga de tu esposo: Para evitar una grieta en la relación, cultive la amistad con él. Practiquen algún deporte juntos alguna actividad cultural, un ministerio o algún momento de diversión.

Respeto: Jamás pierda el respecto en su matrimonio, ya sea cuando la pareja esté sola o en público. Respetar no se limita a los momentos de discusión, sino también a los momentos agradables y de juegos, teniendo cuidado para no pasarse de los límites y faltarle el respeto a su esposo al decir chanzas de mal gusto y dejarlo en ridículo.
No sea “mandona”: A menudo reclamamos que nuestros esposos no saben ser líderes, pero en muchas circunstancias nuestras actitudes son precipitadas y no permiten ejercer el liderazgo como les toca hacer. Además, por miedo o ansiedad, nos ponemos en frente de la situación y no permitimos que las bendiciones de Dios se cumplan en el matrimonio. No se comporte como si tuviera respuestas para todas las situaciones, escucha con atención la opinión de tu esposo. Busque charlar sobre las decisiones tomarán y no desvalorice la opinión de su cónyuge.
Oren juntos: En Eclesiastés 4:12 dice: “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.
Es indispensable que tu matrimonio esté firme en el Señor y para esto es necesario que haya momentos de oración como pareja, porque así como en otras áreas de nuestra vida, el Señor es la parte principal del matrimonio y debe estar siempre presente.
Separe un tiempo solamente para la pareja: debido a la rutina diaria, todo cambia de prioridad en el matrimonio, menos los momentos que uno tiene antes de casarse. Invierte en estos momentos a solas, sin hijos, amigos, perros y papagayos, ¡solamente ustedes dos!
Mantenga viva la pasión: Sorprenda a su cónyuge con un regalo que le guste, cambie la rutina. Reanude los pequeños gestos del noviazgo, hágale tarjetas o escríbale cartas románticas.
No le guarde rencor: La ira no resuelta abre una brecha para el Diablo
“Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; Ni deis lugar al diablo” (Efesios 04:26, 27).
Sea cariñosa y atenta: preocúpese por las necesidades de su cónyuge y respete su tiempo. El vendrá a su tiempo para desahogarse.familia feliz

Recuerde siempre: “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará” (Proverbios 24:03).

Patrícia Ferreira/ orelacionamentocristao

 

 

 

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