La mano que toca el violín

Desde la creación, la música está presente en la historia de la humanidad motivando y externalizando sentimientos y emociones. “La melodía de la alabanza es la atmósfera del cielo; y cuando el cielo se pone en contacto con la tierra, se oye música y alabanza, ‘alegría y gozo, alabanza y voces de canto’. Isa 51:3”. (La Educación, p. 161). La música arrulla y adormece al recién nacido, motiva los juegos de ronda, estimula los ejércitos en las batallas, acompaña el ritmo frenético del trabajo en el campo o en la ciudad, y finalmente, ofrece consuelo y esperanza en la muerte de un familiar o amigo.

La música es un don de Dios. Para algunos, es un don transformado en el talento de cantar o ejecutar perfectamente las notas y técnicas de un instrumento musical. Para otros, es un don transformado en el placer de ejecutar, entender y dejarse llevar por las melodías y ritmos a lugares imaginarios y a sensaciones increíbles.

Se han publicado cientos de trabajos que muestran los beneficios del estudio de la música en la formación integral del ser humano. Cuando se trata de apoyar la enseñanza en las distintas disciplinas, las leyes de los países también buscan estimular e incentivar la enseñanza de la música en las escuelas, porque consideran que de esa manera se podrán formar mejores ciudadanos.

 

LA MÚSICA EN LA ESCUELA

Cuando Dios orientó la fundación de la Escuela de los Profetas en los tiempos del Antiguo Testamento, el currículo ya ofrecía entre otras disciplinas, música y poesía. Hasta hoy, escuelas de alguna confesión religiosa o no, que ofrecen la enseñanza de la música, pueden comprobar una evolución visible en el aprendizaje y el crecimiento de sus alumnos. Entre las muchas características que se observan en el desarrollo de los estudiantes, se destaca el crecimiento de la sensibilidad, una mayor sociabilidad, la facilidad para expresarse y una mayor coordinación, terminando con una comprensión estética del mundo.

 

 

LA MÚSICA EN LA FAMILIA

 

Dios dejó varias orientaciones sobre la utilización de la música en la familia. Algunos consejos de Elena de White muestran la importancia que le daba y todavía debe darse a ese asunto.

 

Suavizar la vida en este mundo. “Así como los israelitas cuando andaban por el desierto alegraron su camino con la música del canto sagrado, Dios invita a sus hijos de hoy a alegrar por el mismo medio su vida de peregrinaje”(Ed, p. 167). Dios nos invita a utilizar los cantos sagrados en nuestra familia para mejorar nuestra vida y la vida de las personas que están cerca de nosotros.

 

Fijar verdades en la memoria. “Pocos medios hay más eficaces para grabar sus palabras en la memoria que el de repetirlas mediante el canto” (ibíd.). Podemos olvidarnos de muchos sermones pronunciados. Sin embargo, recordamos las grandes verdades cantadas. La música nos ayuda a recordar las grandes promesas de Dios a sus hijos.

 

Morada de Dios. “Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para hacer música en nuestro hogar, a fin de que el Señor pueda hacerse presente” (Ev. 329). La familia que se preocupa de la música y su calidad, invita a Dios para estar presente durante todo el tiempo.

 

CUIDADOS

“La introducción de la música en sus hogares, en vez de incitarlos a la santidad y la espiritualidad, ha contribuido a distraer de la verdad sus espíritus. Los cantos frívolos y la música popular parecen cuadrar con su gusto. Se ha dedicado a los instrumentos de música el tiempo que debiera haberse dedicado a la oración. Cuando no se abusa de la música, ésta es una gran bendición; pero mal empleada, es una terrible maldición. […] Satanás está llevando a los jóvenes cautivos […] Es un hábil encantador para seducirlos y llevarlos a la perdición” (HC, 370). Vivimos en un tiempo en el cual cualquier música está disponible y con fácil acceso. Existe mucha música de buena calidad que no hiere nuestro estilo de vida. Pero también existe mucha música que lentamente es una influencia negativa para la vida espiritual distanciando las familias, y especialmente a los hijos, de los caminos del Señor. Debemos vigilar constantemente lo que escuchamos.

 

LA MÚSICA EN LA FORMACIÓN PERSONAL

Muchas personas en la iglesia y en el mundo en general, consideran a los músicos personas diferentes, aparentemente descuidados y en muchos aspectos poco responsables. Así, encontré a padres que no estimulan a sus hijos en el estudio de la música, alegando que ellos no sobrevivirán con esa profesión o no serán reconocidos por la iglesia. Debo reconocer que así como en cualquier otra profesión, el músico necesita trabajar y batallar por su espacio. Un espacio que le pertenecerá de acuerdo con la competencia con la cual desarrolla su actividad.

Al estudiar música, por experiencia y por observación, puedo identificar algunos rasgos de carácter que manifiestan los estudiantes de música y músicos dedicados a las actividades musicales en la Iglesia: sabio uso del tiempo, reafirmación de valores y creencias, perseverancia en la conquista de metas y objetivos, además de proporcionar una participación activa y necesaria en las actividades de la Iglesia.

En 1996 mi esposa y yo recibimos una invitación para trabajar en el IACS, Instituto Adventista Cruzeiro do Sul en Taquara, RS, Brasil. En la época, la invitación la realizó el recordado Pr. Milton Souza, entonces director general de la institución. Recuerdo muy bien algunas de sus frases motivadoras. Pero una de ellas, siempre mencionada a los padres en reuniones promocionales para divulgar la Escuela de Música, decía: “La mano que toca el arco del violín jamás tocará un arma de fuego”. Con el correr del tiempo, estuve observando y comprobando la gran verdad escondida en la frase y puedo agregar que, además de los innumerables beneficios personales inherentes a la elección del estudio de la música, las manos que se unen para educar y preparar a su hijos para actividades musicales en la familia y en la iglesia, recibirán en breve, de nuestro Maestro, la recompensa final en la eternidad.

 

Wanderson Paiva es teólogo y director de la Escuela de Artes del Centro Universitario Adventista de Sao Paulo, Unasp, Campus Hortolandia.

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