Suicidio: necesitamos hablar de este tema

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80% dos que cometem suicídio enviam sinais em busca de socorro. (Foto: Shutterstock)

Brasilia, Brasil… [ASN] En menos de un minuto, usted parpadea por lo menos 20 veces, su corazón bombea casi cinco litros de sangre y casi 300 millones de nuevas células son producidas en el cuerpo. Sin embargo, en apenas 40 segundos una persona comete suicidio alrededor del mundo. La mayor parte de ellas tienen entre 15 y 29 años, como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Conforme a los datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 80% de los involucrados envían señales buscando ayuda antes de concretar la idea. El psiquiatra Ricardo Falavigna explica que la intensión de quitarse la vida puede ser expresada verbalmente o con tentativas de suicidio con menor potencial letal. “El suicidio es un acto de desesperación de quien quiere acabar con la angustia insoportable en ese momento. Investigaciones muestran que los que tienen la intención y/o intentaron suicidarse desisten de la idea cuando mejoran y se arrepienten de haberlo intentado”, afirma. El psicopedagogo Gilson de Aguiar, que hace 17 años entrena voluntarios del Centro de Valorización de la Vida (CVV) en Brasilia, enumera algunas señales más: falta de cuidado personal, no hablar de planes futuros, decir que quiere dormir y no despertar nunca más o, incluso, decir en broma que no le haría falta a nadie si muriese. La ONU estima que ocho de cada diez muertes por suicidio podrían prevenirse.

De acuerdo con Falavigna, casi el 90% de los casos están relacionados a un estado depresivo. Sin embargo, de acuerdo con el médico, es importante considerar también factores como estrés, choques repentinos y frustraciones acumuladas, como por ejemplo despido, traición, muerte en la familia y otros. El médico explica que estas razones pueden perjudicar la resistencia y la capacidad de tomar decisiones de manera que el suicidio parezca una posible solución. El psicopedagogo Gilson Aguiar cree que la decisión de poner fin a la vida no surge de un momento a otro. “Usted no despierta y dice: me voy a matar. Es una consecuencia de hechos. Es igual a una olla a presión que, si no se vacía, explota”, opina.

Qué hacer

Por esa razón, es importante estar alerta a las señales y saber qué hacer o no hacer delante de personas con potencial suicida. El primer paso, según el psiquiatra, Ricardo Falavigna, es no tener miedo de hablar sobre el asunto. “Uno de los mayores errores que podemos cometer delante de una persona deprimida es no hablar sobre pensamientos de muerte y suicidio. Esa apertura para hablar del asunto, junto con una postura de amor y empatía, generalmente abre el espacio para que el deprimido consiga hablar de lo que está sintiendo y aceptar ayuda”, advierte. Basado en los 17 años de experiencia en un centro que atiende personas con ideas suicidas, Gilson Aguiar afirma que escuchar es el mejor mecanismo de auxilio. “Cuando escuchamos con empatía, sin juzgar, podemos ayudar. A veces todo lo que necesitamos hacer es eso: escuchar”, afirma el psicopedagogo que trabaja como voluntario en el CVV en Brasilia.

El próximo paso es ofrecer a la persona un motivo para continuar viviendo. En la psiquiatría, esa salida viene por medio de la Logoterapia, creada por Viktor Frankl – psiquiatra austríaco que enfrentó el horror de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial (1939- 1945). La terapia tiene en la idea del sentido para vivir una base para superar las crisis. “Tener un sentido para la vida es lo que permite al ser humano pasar por crisis sin evolucionar a un proceso autodestructivo. Recuperar el sentido de vivir es el objetivo último y fundamental para que alguien salga de la depresión y permanezca bien después de eso”, explica Falavigna.

Los sentidos para la vida varían entre querer volver a casa y tomar una chocolatada a formar una familia o inventar un dispositivo tecnológico que cambie el planeta Tierra. Para la estudiante Nathália Pereira, de 17 años, es algo bien simple: “Mi razón para vivir es continuar comiendo churros”, dice. Para el pediatra Eder Oliveira, de 51 años, que ya enfrentó un infarto agudo de miocardio, es hacer que cada minuto valga la pena. “Yo ya morí una vez, fue muy doloroso. Quedé en coma, tetrapléjico, y pienso en cuantas cosas habría perdido. ¿Qué vale la pena? Ayudar a las personas. Tantos están sufriendo, sin comida, sin abrigo, sin un abrazo. Haga algo por alguien. Eso valdrá la pena”, relata el sobreviviente.

Cómo ayudar

Vale recordar que a pesar de que escuchar y apoyar son pasos importantes para la prevención del suicidio, el acompañamiento de un profesional es fundamental. [Equipo ASN, Aline do Valle]

 

Texto publicado originalmente en el Portal de Noticias Adventistas.

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