Algunos dicen que la ansiedad es exceso de futuro, que la depresión es exceso de pasado y que el estrés es exceso de presente. ¡Ahora imagine a alguien que tiene demasiado de todo esto! Laura era esa persona.

Cuando tenía solo cinco años de edad, su padre abandonó a la familia por una mujer mucho más joven que su madre. Se fue y nunca regresó. La madre de Laura tuvo que trabajar duro para sostener y mantener la casa. Como no tenía a nadie a quien recurrir, dejaba a la niña en un vivero mientras se desdoblaba en los dos puestos de trabajo que consiguió con gran di cultad.

Laura siempre escuchó a su madre quejarse de la falta de dinero; así que, empezó a temer el futuro. Temía que su madre se fuese, como lo había hecho su padre. Tenía miedo de perder la casa, el dormitorio, la vida. No lograba relajarse. Vivía con la sensación de que en cualquier momento iba a ocurrir un desastre. Simplemente, no podía controlar los pensamientos negativos.

Dos años de una rutina masacrante terminaron cobrando un alto precio: la madre de Laura enfermó gravemente y murió a los pocos meses. La chica se encontró abandonada de nuevo, y su inseguridad alcanzó niveles alarmantes.

Adoptada por una tía lejana, Laura creció sin el calor de una madre o la protección de un padre. Tenía miedo de todo; pensar en el futuro le producía palpitaciones del corazón.

Al igual que Laura, la persona ansiosa sufre de un sentimiento de aprehensión y preocupación absolutas que altera bastante su vida normal. Las preocupaciones más comunes son las relaciones interpersonales, el trabajo, las finanzas, la salud y el futuro en general. A menudo se experimenta ansiedad generalizada donde no hay una verdadera razón para la ansiedad. Ese estado saca de control a la persona afectada, y la tendencia es expulsar su capacidad de vencer. La ansiedad puede surgir sin manifestaciones fisiológicas aparentes o evidencias corporales hasta que alcanza el síndrome de pánico.

La ansiedad y la depresión son los problemas más comunes de salud mental y aumentan cada día. En los grandes centros urbanos, una de cada tres personas sufre de ansiedad.1 Por desgracia, las condiciones de vida de hoy parecen favorecer estos problemas, que traen mucho sufrimiento a los portadores de estas enfermedades y a sus familias. ¿Hay alguna manera de prevenir la ansiedad?

 

CÓMO PREVENIR Y SUPERAR LA ANSIEDAD


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A menudo, los síntomas de los trastornos de ansiedad no se manifiestan hasta que una situación de estrés desencadena la crisis. Hay actividades preventivas de fácil realización que pueden evitar la aparición de la ansiedad y calmar los síntomas cuando aparecen:

Hable de sus problemas – Procure convivir con personas en estrecha relación de amistad, con quienes pueda compartir sus experiencias ampliamente. Los que siempre están aislados corren mayor riesgo de ansiedad. Si este es su caso, mantenga una buena relación con un familiar o un amigo que pueda satisfacer su necesidad de compañía.

Practique la relajación – La tensión acompaña a todas las formas de ansiedad, y es esencial saber cómo conseguir relajarse de una manera sistemática y habitual.

Utilice la respiración como un medio para evitar la tensión – Es sorprenden-te cómo algunos ejercicios sencillos de respiración pausada, profunda (del vientre hacia el tórax), pueden proporcionar calma ante una situación de ansiedad o angustia, lo que evita complicaciones.

Aliméntese de manera apropiada – La investigación muestra que evitar la hipoglucemia y tomar un desayuno con proteínas son hábitos que mantienen el equilibrio bioquímico del organismo y evitan los pensamientos que traen preocupaciones. Por lo tanto, coma alimentos saludables y comience el día con un buen desayuno: leche de soja, pan integral y frutas frescas.

Busque grupos de apoyo – Son grupos de personas con problemas similares. En muchas ciudades hay grupos de terapia organizados. En este contexto, usted aprenderá mucho de la experiencia de otros, y así podrá entender muy bien sus dificultades.

Por otra parte, investigaciones clínicas2 nos llevan a la conclusión de que las técnicas más eficaces para el tratamiento de la ansiedad se basan en la psicología cognitivo-conductual. Veamos dos de ellas:

Dejar de pensar – Se ha demostrado eficaz, especialmente en asuntos que causan ansiedad. Si, por ejemplo, la causa de la ansiedad es el miedo a contraer una enfermedad mortal, identifique los pensamientos relacionados con este miedo (por ejemplo, la enfermedad de un familiar), o cualquier idea que inicie una cadena de problemas que terminen causando ansiedad. Al primer indicio de aproximación a este pensamiento, diga “¡No!”, y piense en otra cosa o en una actividad que pueda distraer la mente.

Desensibilización sistemática – Consiste en el aprendizaje de técnicas de relajación para poder hacer frente a la ansiedad en estado relativamente tranquilo. Esta tarea comienza con el pensamiento, continúa con una advertencia de la situación de ansiedad para, finalmente, abordar la ansiedad real. En otras palabras, la idea es repensar el tema en otro momento, para hacer frente a la situación real. La posibilidad de éxito es muy grande, y el procedimiento es rápido, pero requiere el apoyo de un psicólogo.

Estas técnicas pueden ser eficaces, pero son superficiales. A menudo los problemas de ansiedad pueden tener raíces profundas, como en el caso de Laura. En estas circunstancias, es necesario combatir la causa del problema y no solo los síntomas.

 

TIPOS DE ANSIEDAD Y SUS SÍNTOMAS

Ansiedad generalizada – Puede presentar tres o más de los siguientes síntomas, la mayoría de los días en los últimos seis meses:

  • Sensación de inquietud o “nerviosismo”
  • Fatiga
  • Dificultad para concentrarse
  • Irritabilidad
  • Tensión muscular
  • Alteraciones del sueño

Ansiedad con ataque de pánico – Puede mostrar cuatro o más de los siguientes síntomas. Pueden desarrollarse bruscamente y alcanzan su máxima expresión en diez minutos:

  • Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado
  • Sudoración
  • Sibilancia
  • Temblores o conmociones
  • Escalofríos o sofocos
  • Sensación de ahogo
  • Sensación de miedo
  • Dolor o malestar en el pecho
  • Náuseas o molestias abdominales
  • Sensación de mareo
  • Boca seca
  • Miedo a perder el control o volverse loco
  • Miedo a morir
  • Sensación de hormigueo

 

CAUSAS PROFUNDAS DE ANSIEDAD

Se sabe por experiencia que la inseguridad personal y la sensación de fracaso son causas profundas de ansiedad. Tenga en cuenta que, además, Laura intentaba tener éxito en todo lo que hacía solo porque se sentía insegura y fracasada. También es común encontrar sentimientos de culpa como el responsable final de esos acontecimientos; de ahí la importancia del perdón, para nosotros y para quienes debemos perdonar.

La inseguridad personal y la sensación de fracaso tiene que ver con la baja autoestima. En cuanto a la persona con sentimientos de culpa, es importante examinar el pasado y procurar obtener el perdón de los ofendidos; o, mejor, cambiar por completo la propia conducta, si eso es la causa del malestar. Tenga en cuenta que el Espíritu Santo estaba trabajando en la mente de Laura (Filipenses 4:6, 7) con el n de que ella pidiese perdón a quienes había oprimido en el trabajo y perdonar a su padre, quien la abandonó cuando era niña.

La persona que acepta a Dios como fuente del perdón obtiene amplio beneficio a través de la oración. Esta es una experiencia de reconciliación que hace olvidar totalmente el pasado y ofrece un nuevo comienzo.

 

EL PUNTO DE INFLEXIÓN

La pequeña huérfana Laura creció. Fue en el tiempo de la escuela secundaria que su vida dio un vuelco. La tía que la crió no creía en Dios, y había enseñado a la sobrina que el universo y la vida simplemente habían surgido millones de años atrás. Para Laura, los seres humanos son el resultado de un “accidente cósmico”, que vinieron a la existencia por una combinación de factores, por pura casualidad. Por supuesto, estas ideas ayudaron a hacer de su vida un sinsentido.

Como adolescente, a Laura le gustaba caminar en una playa cerca de su casa. A menudo caminaba hasta la puesta de sol y se tumbaba en la arena para ver las estrellas aparecer en el cielo. La muchacha era inteligente, y sabía algo de astronomía y cosmología (en ausencia de familiares y amigos cercanos, los libros le sirvieron a menudo de compañía). Sabía que la existencia del universo depende de leyes finamente sintonizadas, de parámetros muy precisos, sin los cuales toda la realidad a su alrededor se desintegraría. Mirar el cielo estrellado trajo a su mente la extraña conclusión de que si hay un mecanismo, un reloj, tiene que haber un relojero. Pero si no existe el relojero, si no hay algo o alguien que ha creado todo y administra todo, por encima de todos, ¿qué sentido tendría la vida? ¿Qué esperanza habría para el universo?

Laura era consciente, de acuerdo con su visión naturalista, de la total falta de futuro para la vida. Ella sabía que si la Tierra no era destruida por una tormenta solar o los seres humanos, finalmente la extinguiría una guerra loca; que al final el universo colapsaría y se aplastaría sobre sí mismo, o se expandiría indefinidamente y consumiría toda la energía, siendo incapaz de mantener a cualquier ser vivo. Vivir ¿sería una ilusión? La mayoría de las personas evita pensar en ello solo porque no quiere vivir de ilusiones. Sin embargo, terminan haciendo exactamente lo que quieren evitar: viven de ilusiones, de placeres momentáneos, de logros fugaces, de sueños artificiales inventados por la industria del cine, los juegos, los entretenimientos. Lo mejor es hacer caso omiso de la realidad fría mientras viven una consentida realidad ilusoria. Si para ser feliz necesitaba entrar en ese juego, en esa cueva, eso es lo que haría. Lucharía para tener éxito y ser independiente. El abandono y la muerte no la afectarían porque no viviría para nadie. Sería una buena profesional. Ganaría dinero. Y después… Bueno, luego llegaría su fin. Punto final.

Laura progresó económica y académicamente, como estaba previsto. Obtuvo un título universitario, una maestría, consiguió un buen trabajo, escaló posiciones en la jerarquía empresarial y se ganó una posición envidiable. Pero la ansiedad no desapareció. En el fondo de su mente había un clamor por una razón para vivir. Sin darse cuenta, Laura acabó transfiriendo a sus subordinados toda su ansiedad, su estrés y sus frustraciones. Era extremadamente exigente y, a veces, incluso injusta.

El punto de inflexión en la vida de Laura se produjo cuando conoció a una colega de la empresa que parecía diferente a todas las otras personas que trabajaban allí. Era tranquila, alegre, confiada y siempre tenía una palabra de aliento. Laura estaba intrigada por la fuente de esperanza que parecía brotar de esa chica. Providencialmente, las dos se hicieron amigas. Charlando con ella, Laura descubrió que el cristianismo es una religión coherente y que la Biblia es un libro confiable, cuyos relatos históricos se confirman por decenas y decenas de hallazgos arqueológicos. Laura encontró que la creencia creacionista, según la cual Dios creó el universo y la vida, no es una “historia de viejas”. Hay argumentos filosóficos y científicos consistentes que desafían seriamente la visión atea naturalista, en la cual había creído hasta entonces.

Varios textos bíblicos garantizaban que Dios existe y sostiene la vida de todas sus criaturas. Fue un descubrimiento muy especial para Laura el que ella no era un accidente cósmico que existía por mera casualidad. ¡No! Ella había sido planificada. Su vida finalmente tenía un propósito. Ella estaba descubriendo de dónde venía, por qué existía y hacia dónde iba.

Pero hubo un descubrimiento aún más liberador para la joven Laura. Al leer algunos libros, se dio cuenta de que personajes famosos, tales como Sigmund Freud y C. S. Lewis, habían tenido problemas con los padres en la infancia, y que esta mala relación terminó contaminando su punto de vista acerca de Dios. El resultado fue que ambos se convirtieron en ateos. Sucede que Lewis, en un determinado momento de la vida, tuvo la experiencia de conversión, la cual provoca una verdadera revolución interior: cambia corazones, pensamientos y sentimientos. Lewis superó el pasado y perdonó a su padre. Freud, como se sabe, nunca pasó por una experiencia así. Continuó ateo, aunque la “idea de Dios” siempre le incomodaba.

Laura vio a estos dos personajes y a tantos otros que atribuyen a Dios las cualidades y los defectos de los padres. Para Laura, Dios la había abandonado hacía mucho tiempo. Sin embargo, esta percepción no se correspondía con la realidad. Quien la había abandonado era el padre de carne. El Padre celestial siempre había estado a su lado y ella no se había dado cuenta.

Esta es una realidad que también se aplica a usted. No importa el mal que le hicieron en la infancia; si sufrió abusos por parte de una persona cercana o fue acosado por alguien. ¡Dios no es esa persona! Dios nunca nos hará daño. Él es el Padre de amor. Solo quiere nuestro bien eterno.

Laura finalmente descubrió que Dios existe, que la amaba y estaba a su lado. Saber eso le quitó un peso acumulado durante muchos años. Todavía descubriría muchas cosas importantes que ajustarían su enfoque y la colocarían en el camino de la restauración. Sin embargo, en ese momento el Espíritu Santo de Dios estaba plantando una semilla en su corazón; dos ideas que no se saldrían de su cabeza: tenía que perdonar a su padre personalmente, y tratar de otra manera a las personas con quienes convivía y a quienes dirigía en el trabajo. La terapia divina estaba surtiendo efecto en su vida.

 

LA TERAPIA DIVINA

Laura era la ansiedad en persona. El miedo, el abandono y la inseguridad experimentadas en el pasado ayudan a entender por qué era así. La ansiedad sobreviene por miedo al futuro. Nadie sabe lo que pasará mañana. Solo Dios conoce el futuro. Esto ha llevado a muchas personas a poner su fe y su confianza en el Todopoderoso, que ama y protege a quienes lo aceptan. El tratamiento divino tiene tres aspectos:

Individual – Una persona necesita influir en su vida interior, lo cual se refleja en el hecho de que la vida no se resume en nacer, vivir y morir. Esta reflexión da cabida a una perspectiva que va más allá del aquí y ahora. Incluye la comprensión del destino de la familia humana y, especialmente, del plan de Dios para la salvación eterna, como se explica en la Biblia.

También ayuda a una persona a adquirir una perspectiva a largo plazo, lo cual le da confianza en el triunfo final del bien sobre el mal. Como medida para el alivio inmediato, la terapia divina utiliza la repetición de versículos bíblicos claros y llenos de poder. También utiliza la meditación sobre la base de las promesas bíblicas; por ejemplo: “A tu izquierda caerán mil, y a tu derecha caerán diez mil, pero a ti no te alcanzará la mortandad” (Salmo 91:7).3

Social – No es solo por la adoración en comunidad (culto) y por las palabras de otros como Dios puede intervenir. También lo hace por medio del ejemplo y la actitud que esas personas manifiestan. El Espíritu Santo puede usar a tales personas para hacer su “terapia”. Por último, sería bueno decir que Dios también puede utilizar a profesionales calificados capaces de utilizar técnicas y estrategias que pueden ser bendecidas por Dios con el fin de tener efecto.

Divino – El aspecto divino cubre la relación íntima y personal entre el ser humano y Dios. Encuentra su mayor apoyo en la oración. La oración, más que la repetición de un rezo, es hablar con Dios como con un amigo y consejero; hablar de los miedos, las ansiedades, las dudas y los problemas, así como también agradecer al Creador las cosas buenas de la vida. La oración sincera ha ayudado a muchos a crecer en la fe, lo cual es incompatible con la ansiedad y la incertidumbre. La fe, de hecho, significa confianza en Dios. Cuanto más conocemos a Dios mediante la oración y el estudio de la Biblia, más desarrollamos esa confianza. Más se fortalece nuestra fe.

SEGURIDAD PARA EL FUTURO

Una de las grandes dudas de Laura en su adolescencia, cuando miraba al cielo tendida en la arena, tenía que ver con el futuro. Los libros científicos que había leído, a pesar de que eran útiles en algunos aspectos, no traían esperanza alguna para el futuro. De una forma u otra, un día el universo llegaría a su fin. Para una persona ansiosa, decirle que mañana va a terminar en nada le ofrece un consuelo muy pobre, por no decir nulo.

Laura evaluó sus hallazgos recientes: había serias razones para creer que Dios existe y que la amaba, independientemente de quién era o de lo que le había sucedido en el pasado. Dios se reveló de una manera especial en la Santa Biblia, y hay muchas buenas razones para creer que este libro singular es muy fiable. Una de ellas es justamente lo que ese libro dice sobre el futuro.

En las conversaciones y estudios con su compañera de trabajo, Laura descubrió que la Biblia contiene más de 2.500 referencias a un evento futuro maravilloso: el regreso de Cristo. De hecho, Jesús mismo prometió: “No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos aposentos. Si así no fuera, ya les hubiera dicho. Así que voy a preparar lugar para ustedes. Y si me voy y les preparo lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, también ustedes estén” (S. Juan 14:1-3).

En el momento en que Jesús regresó al cielo –después de haber pasado tres décadas aquí, morir en la cruz y resucitar–, dos ángeles fueron comisionados para confortar a los discípulos con estas palabras: “Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ustedes han visto irse al cielo, vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer” (Hechos 1:11). ¿De qué forma? Personal, visible, en las nubes y rodeado de ángeles. ¡Será el evento más espectacular en la historia!

Apocalipsis 1:7 dice que todos los ojos verán a Jesús, ya sea que uno crea o no. Laura se dio cuenta de que no sería inteligente de su parte despreciar las diversas profecías relacionadas con el regreso de Jesús. Ella estaba convencida de la promesa de que él regresaría. Jesús nunca mintió y no jugaría con un tema tan serio, que ha alimentado la fe y la esperanza de un sinnúmero de cristianos a lo largo de los siglos.

De hecho, lo que la Biblia nos enseña es a “vivir en esta época de manera sobria, justa y piadosa, mientras aguardamos la bendita esperanza y la gloriosa manifestación de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:12, 13).

Otra cuestión que dejó aliviada a Laura fue la cuestión del “infierno eterno”. En su libro ¿Es el alma inmortal?, Robert Leo Odom compara: “Supongamos, por ejemplo, que un juez dictara la sentencia de que un hombre culpable de asesinato sea torturado continuamente, día y noche, con agua hirviente y con hierros calentados al rojo vivo, con el fin de mantenerlo sufriendo constantemente agudísimos dolores. ¿Qué dirían los medios de comunicación acerca de esto? ¿Cuál sería la reacción de la gente en general por un castigo de este tipo? ¿Tiene sentido decir que nuestro Creador, que es un Dios de justicia y de amor, podría ser un monstruo de crueldad peor que la mencionada?” (p. 67).

El dogma del tormento eterno atenta contra nuestro concepto del carácter justo y amante de Dios. La Biblia dice que los impíos serán consumidos (Apocalipsis 20:8, 9) y convertidos en cenizas (Malaquías 4:1-3) por propia elección, como resultado de su rebelión. Pero ¿cómo entender la frase “fuego eterno”? Odom explica, al comentar Judas 7: “No se dice que el sufrimiento… es eterno, sino que el fuego que Dios empleó para destruirlas es eterno en sus efectos… Por medio de la frase ‘que nunca se apagará’ [S. Mateo 3:12; S. Lucas 3:17], él quiere decir fuego que ningún ser humano puede extinguir o apagar” (pp. 68, 69). Vea también 2 San Pedro 3:7 y 10. Un buen ejemplo de castigo por “fuego eterno” es lo que sucedió con Sodoma y Gomorra (S. Judas 7). Estas ciudades no se están quemando en la actualidad. Se extinguieron.

Laura estaba muy feliz por comprender esto. Esa era otra barrera entre ella y Dios que no comprendía. Cuando pensaba en el mito del infierno de fuego eterno, no podía imaginar a un Padre amante. Era contradictorio e ilógico. Pero la Biblia no tiene nada que ver con ese mito. El futuro que se presenta a los redimidos se encuentra en un lugar y un momento en que “ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor” (Apocalipsis 21:4).

Es obvio que, para superar la ansiedad, el acompañamiento profesional le hizo mucho bien a Laura, pero su conocimiento recién adquirido del Dios de la Biblia y la esperanza del regreso de Jesús fueron cruciales para la paz que reinaba en su vida. Desde entonces no tuvo más miedo al futuro, ya que entendía que Dios se preocupa y siempre cuidaría de ella, como un buen padre que nunca abandona a sus hijos.

 

ANSIOLÍTICOS BÍBLICOS

“El Señor va delante de ti. Él estará contigo, y no te dejará ni te desamparará. No temas ni te intimides” (Deuteronomio 31:8).

“Escucha lo que te mando: Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, que yo soy el Señor tu Dios, y estaré contigo por dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

“Cuando me vi abrumado por la angustia, tú me brindaste consuelo y alegría” (Salmo 94:19).

“No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré con mi justiciera mano derecha” (Isaías 41:10).

“No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).

“No se preocupen por su vida, ni por qué comerán o qué beberán; ni con qué cubrirán su cuerpo. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas?” (S. Mateo 6:25, 26).

Bibliografía

1 A. J. Baxter et al., “Global Prevalence of Anxiety Disorders: A Systematic Review and Meta-regression” [Prevalencia global de los trastornos de ansiedad. Una revisión y metarregresión sistemática], Psychological Medicine (2013):43(5), 897-910. Doi [identifica- dor de objetos digitales]: 10.1017/S003329171200147X.

2 F. Hohagen et al., “Combination of Behavior Therapy with Fluvoxamine in Compa- rison with Behavior Therapy and Placebo. Results of a Multicentre Study” [Combinación de terapia conductual con fluvoxamina en comparación con terapia conductual y placebo. Resultados de un estudio multicentrado], Br. J. Psychiatry Suppl., 35:71-78 (1998). K. O’Connor et al., “Cognitive-behaviour Therapy and Medication in the Treatment of Ob- sessive-compulsive Disorder: A Controlled Study” [Terapia de comportamiento cognitivo y medicación en el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo. Un estudio controlado], Can. J. Psychiatry, 44:64-71 (1999). K. Salaberria, E. Echeburúa, “Long-term Outcome of Cognitive Therapy’s Contribution to Self-exposure In Vivo to the Treatment of Generali- zed Social Phobia” [Resultado a largo plazo de la contribución de la terapia cognitiva a la autoexposición en vivo al tratamiento de la fobia social generalizada], Behav. Modifi., 22:262-284 (1998). A. Stravynski, D. Greenberg, “The Treatment of Social Phobia: A Cri- tical Assessment” [El tratamiento de la fobia social. Una evaluación crítica], Acta Psychia- tr. Scand., 98:171-181 (1998).

3 En este libro se utilizó la Reina-Valera Contemporánea como versión base de la Biblia. En otras pocas instancias se especificó el cambio de versión.