En 2009, millones de personas estaban encantadas con las escenas del mundo idílico, concebidas por el guionista y director de cine James Cameron, de la película Avatar. Lo que nadie pudo imaginar es que, desde entonces, muchas personas sufren de “depresión post-Avatar”. En Internet, se crearon sitios donde los fanes ventilaban sus lamentos por no vivir en Pandora, un planeta mucho mejor que la Tierra. Algunos incluso pensaron en suicidarse, ¡con la esperanza de “renacer” en un mundo similar al de la película!

Este es un ejemplo más, entre muchos, del poder y la influencia de los medios, en especial de la producción cinematográfica. La gente quiere huir de la realidad y vivir en el mundo de los sueños. Algunas personas no pasan una semana (o incluso un día) sin sumergirse en una película. Hay otros que esperan ansiosamente el siguiente capítulo de la novela o la serie preferida. Otros dejan todo a un lado para no perderse el partido del “equipo favorito”. Y ¿qué decir de las horas y horas dedicadas a los videojuegos o las trivialidades en Internet? Intentan llenar el vacío del alma con alimentos carentes de nutrientes, refinados en los estudios de los que solo piensan en el dinero que recaudarán de quienes están atrapados por sus producciones adictivas. Esta depresión es sintomática. Esto demuestra que la gente está deseando algo, pero no sabe qué.

Otros comportamientos que pueden conducir a la depresión e incluso generar pensamientos de suicidio son las relaciones sexuales ocasionales. Una encuesta realizada por la Universidad del Estado de California con 3.900 estudiantes mostró que las personas que tienen relaciones sexuales fuera de un contexto romántico y de compromiso se mostraban más estresadas, con problemas de depresión y ansiedad. Los investigadores creen que el estrés es el resultado del remordimiento.

Las causas de la depresión varían ampliamente; a veces son difíciles de identificar. Este es un mundo no ideal, y extremadamente alejado del propósito del Creador, pero las personas pagan un alto precio por esta inadecuación o, incluso, empecinamiento.

El hecho es que solo quienes enfrentaron o enfrentan un trastorno depresivo pueden entender lo que significa perder el sueño sin razón aparente o dormir más de doce horas seguidas, sin ganas de despertar; llorar mucho sin motivo “justificado”; no ser capaz de hacer lo que más se quiere, sintiéndose incapaz, inepto; tener malos pensamientos y perder la voluntad de vivir; alimentar el sentimiento de culpa por cosas sin importancia y la sensación de fracaso; vivir encerrado dentro de sí, en medio de las sombras que insisten en pender sobre su cabeza. De hecho, eso significa que ya no viven; solo existen. En esos momentos, los pensamientos suicidas no son infrecuentes.

La depresión es el mal que prevalece en las consultas psiquiátricas y de psicología clínica. Pronto ella podría tomar el segundo lugar entre las causas de enfermedad y discapacidad, solo por detrás de los problemas cardiovasculares.

Con sus correspondientes variaciones, la depresión afecta a niños, jóvenes, adultos y ancianos; hombres y mujeres; personas de todas las clases; ricos y pobres. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hay más de 100 millones de personas con depresión en el mundo.

Sufrir un gran dolor, tener una preocupación excesiva o sentirse estresado por el exceso de trabajo no significa necesariamente estar con depresión. Sin embargo, estas alteraciones emocionales pueden ser su comienzo, y hay que tener cuidado de que esos estados no se extiendan demasiado.

Los síntomas de la depresión son muchos, y el diagnóstico no se confirma como tal hasta que varios de ellos aparecen regularmente en dos semanas y, al menos, uno de los síntomas debe ser la tristeza, o pérdida de interés o placer. Sin embargo, la aparición de solo un síntoma debería servir como una advertencia para tomar medidas antes de que la solución se vuelva más difícil.

CÓMO PREVENIR LA DEPRESIÓN


Foto: pixabay.com | por Gerd Altmann

Busque suficiente apoyo social – La depresión es poco frecuente en los círculos donde existen fuertes lazos de relación, ya sea matrimonial, familiar, laboral o amistades. Por lo tanto, es importante ser parte de una familia feliz, estar rodeado de buenos amigos, tener un buen ambiente de trabajo, debido a que estas cosas son salvaguardas contra la depresión. Pero ¿cómo lograr todo esto? Lo veremos a lo largo de este libro.

Mantenga una vida activa – Es sorprendente cómo el estado de ánimo debilitado puede cambiar rápidamente cuando usted participa en alguna actividad. Para evitar la depresión, tome medidas y actúe de alguna manera. Ocúpese de tareas que le traigan satisfacción y sean productivas y edificantes: poner en orden su casa, arreglar algo, hablar por teléfono con alguien especial. Si puede, practique algún deporte o ejercicio físico aeróbico. En estos casos, la fatiga es una fuente de salud y buen humor.

Piense correctamente – Como la gente se centra en el lado sombrío o bueno de las cosas, es más o menos propensa a la depresión. El pensamiento es un hábito como cualquier otro, y debe ser cultivado para evitar el análisis de situaciones negativas.

Mire el pasado con prudencia – El pasado puede ser una fuente de depresión o de bienestar emocional. En lugar de pensar en la adversidad, regocíjese en los tiempos y acontecimientos felices. Si hay algún trauma pasado (abuso sexual, desastres naturales, etc.), vea a un psicólogo o un psiquiatra, que pueden ayudarlo/a a diseñar una manera de superar el incidente.

Además de haber causado una vida en desacuerdo con los planes de Dios o por la frustración alimentada con fantasías, la depresión también puede considerarse un “exceso de pasado”. Precisamente, el problema de Carlos.

 

“FANTASMAS” DEL PASADO


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Carlos siempre había sido considerado un hombre fuerte y lleno de energía, de modo que, debido a estas cualidades y su altura de casi un metro noventa, los amigos lo llamaban “Carloso”. Pero los años de vida desenfrenada, de fiestas en fiestas, de beber y tener relaciones amorosas pasajeras, terminaron por pasarle la cuenta. Con poco más de setenta años, Carlos era solo una sombra de lo que había sido. Pasaba la mayor parte del tiempo sentado en una silla de ruedas, en silencio, con pensamientos melancólicos, mientras las horas pasaban poco a poco en el hogar de ancianos. El corpachón vivía arqueado bajo el peso de sus recuerdos.

A Carlos se le había diagnosticado cáncer terminal. En los últimos años sufría una profunda depresión. Era un hombre de poca conversación y nunca recibía visitas de parientes. Parecía que todo el mundo lo había abandonado cuando el partido de su vida llegaba a su fin.

Carlos trató de ahogar la voz de la conciencia. Nunca quiso dar el brazo a torcer y admitir que solo una vez experimentó algo parecido a la felicidad. Por más que tratara de negarlo, sus pensamientos siempre volvían a una sola mujer, su primera novia y ex esposa, a quien no supo valorar. Ella ya no estaba para escuchar sus quejas y hablar de “vivir la vida” lejos de las “cadenas” de una familia, la preocupación por los niños y el afecto de una mujer única. ¡Como se había equivocado! ¿Cómo fue capaz de comprar una mentira como si fuese la verdad?

Carlos no sabía que, aun si Dios decidiese no concederle la curación, sí podía perdonarlo de todos los pecados y concederle la salvación eterna. Eso es lo que Jesús le aseguró al ladrón crucificado junto a él, quien le rogó: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Jesús le respondió: “Estarás conmigo en el paraíso” (S. Lucas 23:42, 43).

Por desgracia, Carlos no lo sabía. Y, si hubiese tenido fuerzas y condiciones, se habría quitado la vida, apresurando así el inevitable final.

 

SUICIDIO


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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio mata a más de 800.000 personas al año, estando delante del sida como una de las causas de muerte. Cada tres segundos, una persona atenta contra su propia vida. Alrededor del 30% de los casos tiene que ver con la depresión.

Con el fin de aclarar la cuestión, la OMS lanzó una campaña con mitos y verdades sobre el suicidio.1 La campaña, por ejemplo, se refiere a este mito: “Quien habla del asunto no tiene la intención de suicidarse”. Con respecto a este punto, la realidad es que las personas que hablan de suicidio pueden estar buscando ayuda, ya que a menudo sufren ansiedad, depresión y desesperanza.

Otro mito es que la mayoría de los suicidios se producen sin aviso. La verdad, sin embargo, es que gran parte de los suicidas dan advertencias o envían señales. Por lo tanto, es importante conocer esos síntomas e identificar la conducta de quienes están a nuestro alrededor.

La OMS también aclara que los pensamientos suicidas no son permanentes. Una persona que pensó en matarse puede seguir viviendo durante mucho tiempo.

Otra falsa idea “clásica” es pensar que solo las personas con trastornos mentales pueden cometer suicidio. De hecho, muchas personas que tienen problemas mentales no manifiestan un comportamiento suicida. Por otra parte, no todas las personas que se quitan la vida tienen trastornos mentales.

Según la campaña, hablar abiertamente sobre el suicidio no fomenta el acto. Por el contrario, puede ayudar a una persona con tendencias suicidas a considerar otras opciones y darle tiempo para reconsiderar la decisión de quitarse la vida.

El suicidio no es siempre un ejercicio del libre albedrío, ya que las personas que piensan en quitarse la vida casi siempre tienen cambiada su percepción de la realidad, y esto interfiere con su libertad de elección. Por eso, es muy importante resolver/tratar esta distorsión de la realidad con el fin de prevenir el suicidio.

Otros dos mitos son: las personas que amenazan con matarse solo están tratando de llamar la atención; y cuando alguien muestra signos de mejora o sobrevive a un intento de suicidio, está fuera de peligro. Los días que siguen después del intento de suicidio exigen una atención extra, porque la persona estará muy frágil.

Por último, hay quienes piensan que los medios de comunicación no deben tratar el tema del suicidio, pues creen que esto lo estimularía. La verdad es que, según la OMS, los medios de comunicación deberían abordar este problema de salud pública y hacerlo de manera apropiada. La gente tiene que estar informada de ello y debe saber dónde buscar ayuda. Además, hay que analizar críticamente el contenido de los medios, ya que, por desgracia, hay canciones, programas, películas e incluso juegos que pueden incitar al suicidio. Especialmente los preadolescentes y los adolescentes deben recibir una atención especial.

Según la OMS, es posible prevenir el suicidio en el 90% de los casos. Hay lugares preparados para ofrecer ayuda. Existen los Centros de Atención Psicosocial (CAPS), los Centros de Valorización de la Vida (CVV) y los Centros de Atención al Suicida, los cuales tienen un servicio de prevención del suicidio por teléfono (en la Argentina, por ejemplo, llame al 135) y por Internet.

 

CÓMO VENCER LA DEPRESIÓN

El tratamiento de la depresión se realiza de dos maneras: por medio de la farmacología y de la psicoterapia. En la mayoría de los casos, se indica un tratamiento farmacológico inicial prescrito por un médico o un psiquiatra. Al mismo tiempo, le sigue un plan de intervención psicológica, que prepara a la persona para salir de la depresión y prevenir su retorno.

Productos farmacéuticos – En casos más severos, los medicamentos antidepresivos pueden traer alivio del dolor psíquico y reducir la tendencia al suicidio. Los antidepresivos actúan sobre la química del cerebro para equilibrar la actividad de los neurotransmisores. En muchos casos, alivia los síntomas y puede reforzar los efectos de la psicoterapia. Pero a veces es necesario remitir al paciente a diversos tipos de drogas para encontrar el más adecuado y esperar unas semanas para sentir los resultados. Esto puede tomar hasta cuatro semanas, lo que significa que algunos pacientes abandonan los medicamentos sin supervisión médica, lo que empeora los síntomas. Además, los fármacos antidepresivos pueden producir efectos secundarios de intensidad variable.

La medicación psicotrópica es como una “cuña” para un reloj que adelanta o atrasa demasiado. El gran problema es que no actúa en el engranaje defectuoso, pero sí a la velocidad con la que funciona el reloj. Por la misma razón, a pesar de tener efectos placenteros, el fármaco antidepresivo puede llegar a ser ineficaz e incluso peligroso si se utiliza incorrectamente (ver el recuadro al final de este capítulo).

Aquí viene uno de los principales problemas de la vida actual: la gente no quiere hacer algo para “tratar” la depresión que implique un cambio de hábitos y actitudes. Prefiere estar limitada a una píldora. Esto crea una situación en la que la droga en sí, sin la perspectiva correcta, puede dar una falsa sensación de mejoría; y si, por ejemplo, la persona tiene una tendencia al trastorno bipolar (manía/depresión), el medicamento equivocado puede exacerbar los períodos de manía, sin que sea necesario expulsar todo lo que está haciendo mal.

Rutina diaria – La elaboración de un programa de actividades es una de las estrategias más comunes utilizadas por los psicólogos. Es como una agenda que el paciente tendrá que cumplir durante varias semanas. El psicólogo hace una elaboración con la ayuda del paciente y la familia. Para ponerlo en práctica, el paciente se toma el tiempo necesario y adquiere nuevas normas de conducta, para prevenir una recaída. Un buen programa de actividades tiene que tener en cuenta los siguientes principios:

• Elegir las actividades más divertidas y evitar, sobre todo al principio, las que se consideran demasiado difíciles. • Buscar actividades con un componente social. Por ejemplo, es preferible una reunión con amigos a ver una película donde el paciente está solo.

• Si es posible, no interrumpir el trabajo habitual, sino conservar el empleo o los estudios, pero reducir el tiempo y la intensidad.

• En la mayoría de los casos, la ocupación manual está bien aceptada. Por ejemplo, la carpintería, la jardinería o la costura.

• Incluir el ejercicio físico siempre que lo permita la salud del paciente. El equilibrio químico y hormonal producido por fármacos también puede lograrse o complementarse con el deporte y la actividad física.

• La agenda del programa de actividades debe ser tan detallada como sea posible (por ejemplo, la ocupación de 8 a 8:30 de la mañana, o de 8:30 a 9 de la mañana, etc.).

Forma de pensar – Cada día se da mayor importancia a los pensamientos en el tratamiento de la depresión. Uno de los objetivos más deseados es ayudar a la persona a ver las cosas de una manera correcta y equilibrada. Los que sufren de depresión tienden a:

• Tener metas y expectativas poco realistas. Un hombre se deprimió porque a los cincuenta años no consiguió ser exitoso en los negocios.

• Destacar las faltas personales y minimizar los logros. Una joven mujer gana un concurso literario, y cuando sus amigos la felicitan insiste en que se han presentado pocos trabajos, o que le dieron el premio por compasión.

• Compararse con los demás y sentirse inferior. Una mujer asiste a una reunión de antiguos alumnos de su escuela y regresa deprimida porque considera los logros de sus compañeras muy superiores a los suyos. Un tratamiento exitoso incluye la reestructuración del pensamiento, pues la depresión fortalece los pensamientos negativos sobre uno mismo, el medio ambiente y el futuro. Por lo tanto, evite todos los pensamientos de inferioridad y autocompasión. Piense que gran parte de su éxito depende de lo que se propone hacer, y de que usted posee cualidades y capacidades de gran valor.

Al evaluar el entorno, no se centre en las imperfecciones y los peligros, sino en las cosas bellas de la vida y los acontecimientos agradables. Ciertamente, hay muchas cosas buenas en las cuales pensar. Y, si hay cosas negativas, debe hacer algo para soportarlas en lugar de quedarse lloriqueando.

En cuanto al futuro, si alguien puede cambiarlo, es solo usted. Decida que va a ser feliz, y lo será. Repita: “¡Decidí ser feliz!” Y abandone todo pensamiento contrario desde el principio.

Apoyo familiar – El tratamiento profesional hace mucho si la familia proporciona apoyo al deprimido. Es de vital importancia que si el cónyuge, el hijo u otro miembro de la familia sufre de depresión, el problema sea tomado en serio. Estas pautas pueden ayudar:

• Escucharlo/la con atención y simpatía, ya que esto en sí mismo produce un efecto terapéutico.

• Nunca censure a la persona, sino trátela con calma y de forma natural.

• Ayude a su familia a mantenerse ocupada. Viajes, entretenimientos, pequeños trabajos, etc., son importantes en este proceso.

• Anime a la persona a nutrir la esperanza de que va a salir de la depresión con dignidad.

• Apoye el tratamiento médico, teniendo en cuenta la importancia de que el paciente tome los medicamentos. También evite transmitir preguntas como: “¿Para qué sirven estas pastillas?” “¡¿Por qué tienes que ir a un psiquiatra, estás loco?!” Si tiene preguntas sobre el tratamiento, hable con el médico y no con el paciente.

• Usted puede esperar una gran angustia, especialmente si la persona empeora y comienza a decir que no vale la pena vivir y que le gustaría morir.

• Vigile que ella se alimente adecuadamente y que no beba alcohol.

Hacer algo por los demás – El deprimido puede prestar ayuda a los demás. Esto da nuevo ánimo y tiene resultados terapéuticos. Experimente cuidar al hijo de un amigo, hacerle las compras a una persona mayor, visitar a alguien en el hospital o hacer pequeños trabajos voluntarios. Al hacerlo, se olvidará de su propio sufrimiento y se dará cuenta de que hay personas con más necesidades. Ayudar a otros es una manera de ayudarse a sí mismo.

Mirar hacia el futuro con esperanza – Si tiene síntomas de depresión, necesita comprender que el futuro no está a merced de las circunstancias. Aléjese de todos los sentimientos de desesperación y fracaso. Para Everton Padilha Gomes, cardiólogo del Instituto del Corazón del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Paulo (Incor) y director del Estudio Adviento, estar deprimido es como usar anteojos oscuros al atardecer mientras conduce por una carretera. En un momento dado, la persona tendrá la impresión de que es de noche, y de que su visión de la carretera está más obstaculizada por la oscuridad. Pero, si ella se saca sus gafas de sol, verá que, de hecho, todavía hay claridad en la pista. Literalmente, el médico dice: “El depresivo no pierde contacto con la realidad, pero la ve con tonos más oscuros. Él ve bajo una ‘óptica’ mucho más pesimista que la mayoría de la gente. En esos momentos, yo siempre aconsejo a estas personas ‘quitarse la graduación’ a sí mismas y comprender que la realidad es menos oscura de lo que se imaginan”.

Explicar los fracasos de manera realista – Sea consciente de sus fortalezas y debilidades. Analice la situación de manera equilibrada. Por ejemplo, si usted no tuvo éxito en la búsqueda de un empleo, no crea que es un inútil, sino tenga en cuenta que ponían muchas trabas o que los candidatos eran muchos. La próxima vez trate de prepararse mejor para la función deseada.

Asumir el control de los acontecimientos futuros – Si la fuente de sus problemas es, por ejemplo, la familia, no piense que no hay más solución para las relaciones. Puede hacerse algo para mejorar la manera de comunicarse y olvidar las pretensiones puramente egoístas. Estas son formas reales para mejorar el futuro.

Terapia divina – Confíe en Dios como un ser dispuesto a ayudar, proteger, facilitar y alentar a quienes lo buscan; es el primer paso para beneficiarse de la espiritualidad. Esta convicción produce una relación con la Deidad que inspira paz interior. Es la misma sensación de un niño pequeño que va de la mano con su padre por un camino rocoso: no tiene miedo porque se siente seguro en una mano fuerte. Del mismo modo, en el camino de la vida, la persona que confía en Dios sabe que existen riesgos de todo tipo, pero su fe en el Creador le hace ver el futuro con serenidad, porque tiene la certeza de que su Padre celestial la protegerá. Las ayudas específicas en el camino de la vida incluyen: orar a Dios (hágalo como cuando habla con un amigo con quien comparte el sufrimiento) y leer la Biblia (pues sus historias y mensajes traen paz interior). Seleccione algunos textos cortos y trate de memorizarlos, para recordarlos en situaciones de crisis. Por último, trate de acercarse a personas que comparten esos ideales. Esta asociación podría servir como fuente de apoyo para mejorar su confianza en Dios.

En un estudio llevado a cabo en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos, referido al terremoto que sacudió la ciudad en 1989, se hizo evidente que las personas que utilizaron un sistema de apoyo social para combatir las secuelas del terremoto psicológico expresaron niveles mínimos de depresión y ansiedad. Sin embargo, quienes se habían aislado para pensar en su desafortunado destino alcanzaron altos niveles de depresión. Esto se verificó no solo en los días posteriores al terremoto, sino también siete semanas después del desastre.

Si a menudo se aísla y piensa demasiado en su angustia, cambie de actitud o se acercará rápidamente a la depresión. En cambio, es recomendable que usted tenga un amigo y confidente a quien pueda contarle sus ansiedades.

 

NO CULPE AL PASADO Y AYÚDESE

Los eventos pasados son muy importantes para explicar el mundo psíquico de la persona, pero no tienen que ser determinantes de la salud mental. Hay que aceptar el pasado, que no puede ser cambiado, y evitar la pasividad de no hacer nada para mejorar. Así pues, nunca decir: “Mi pasado me predestinó”, “Yo soy así porque tuve una infancia conflictiva”, “Tengo este problema porque mis padres no supieron cómo educarme”. Esta actitud socava el proceso de restauración, y bloquea muchas fuentes de ayuda y apoyo.

A pesar de que un depresivo requiera intervención médica y psicológica, las estrategias de autoayuda son siempre de gran beneficio para apoyar el tratamiento y la prevención. Estos son algunos consejos oportunos:

• Cuente con un amigo, o confidente. Busque a alguien que lo aprecie y entienda para hablar de forma natural. Meditar a solas en sus problemas es lo peor para la actividad deprimida.

• Manténgase ocupado. Salga al aire libre y practique algún deporte. O, si prefiere, quédese en su casa realizando alguna actividad manual doméstica. Las actividades no permitirán que su mente esté ocupada con pensamientos que fortalecen la depresión.

• Elimine completamente el alcohol. Es costumbre general “ahogar las penas en alcohol”. Pero no se engañe. Esta sustancia puede aliviar los síntomas solo durante unas pocas horas; sin embargo, la ruina que causa a la salud física y mental es muy grave. Es importante recordar que el alcohol desencadena una respuesta estilo “bola de nieve”. El etanol “deprime”, en general, la actividad de las neuronas del cerebro, tanto las que conforman los circuitos responsables del autocontrol como las que pueden ayudar a la persona a tener una actitud positiva. La euforia del alcohol es una situación efímera, seguida de un sentido de inadecuación, culpa e inutilidad. La misma sensación produce el uso de la marihuana, que recientemente se ha asociado con niveles más altos de procrastinación en los hombres y pánico en las mujeres.2

• Mantenga una dieta saludable. Coma verduras, frutas frescas, cereales y legumbres. Si usted no tiene esta costumbre, le será un poco difícil al principio, pero luego se acostumbrará.

• Prevenga el insomnio. Haga ejercicio físico, coma una cena liviana y evite los pensamientos que le causan preocupación. Si alguna vez tiene problemas para dormir, no se impaciente. Instálese en un sofá y lea un libro o escuche la radio hasta que pueda dormir.

• Piense en cosas buenas. Concéntrese en lo que provoca satisfacción y tenga la certeza de que toda calamidad tendrá su final. Además, tenemos muchas cosas que agradecer. Estas deben ser el motivo de nuestro frecuente recuerdo.

• Tenga una actitud esperanzada. La esperanza es una necesidad humana. Sin ella surgen la duda, el miedo y la ansiedad, factores relacionados con la depresión. Quien tiene esperanza en el futuro y sostiene una relación con Dios, quien es paternal y cariñoso, tiene un arma poderosa contra la depresión.

El problema de Carlos, mencionado al principio de este capítulo, es que se negó a hablar de sus temores y sentimientos, y la aproximación inevitable de la muerte empeoró aún más su depresión. Tenía una pesada ancla atada al pasado y un túnel oscuro y desconocido por delante, los cuales lo llenaron de temor e incertidumbre.

 

DURANTE LA MUERTE


Foto: pixabay.com | por TPHeinz

Como los fanes de Avatar, Carlos descubrió con tristeza que Pandora no existe. Perdió miserablemente todas las oportunidades para vivir feliz en el mundo real. Su esposa había muerto hacía muchos años y su hija no quería verlo en absoluto. Su fin era inevitable, y ni siquiera tenía el consuelo de la fe que garantiza el perdón divino y la esperanza de la vida eterna con Cristo.

¡Oh, si Carlos supiera lo que Laura había aprendido acerca de la vida después de la muerte! Al menos, podría aferrarse a esa esperanza. Sí, porque la Biblia, para describir la muerte de los salvados, siempre lo hace con tintes de esperanza.

De hecho, el último enemigo con el que el ser humano se enfrenta en la vida es la muerte. Nadie puede escapar de ella. Tal vez por eso exista una gran preocupación por el tema. Hay muchas teorías acerca de lo que sucede a las personas después de la muerte. ¿Dónde están los que mueren? Ellos ¿saben algo acerca de nosotros? ¿Es posible mantenerse en contacto con los muertos? Jesús –quien murió y resucitó– es el único autorizado para hablar sobre el tema. Y lo hizo en la Biblia.

Para entender lo que sucede en la muerte, hay que saber cómo fue creado el hombre. En Génesis 2:7, se dice: “Del polvo de la tierra Dios el Señor formó al hombre, e infundió en su nariz aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser con vida”.

La frase “ser con vida” es vertida en otras versiones bíblicas como “alma viviente”. En el original hebreo, estas frases provienen de nefesh, que significa “ser vivo”. Así, “somos” un alma viviente, no “tenemos” un alma. Por lo tanto:

EL POLVO + EL ALIENTO DE VIDA = UN ALMA VIVIENTE (O SER VIVO).

Génesis 3:19 dice que después de la muerte el ser humano regresa al polvo. La ecuación se convierte en:

POLVO DE LA TIERRA – ALIENTO DE VIDA = ALMA DEJA DE EXISTIR (EL POLVO VUELVE AL POLVO; EL ALIENTO, A DIOS). 

En el momento en que el ser humano muere, el aliento (espíritu) vuelve a Dios; y el polvo, de nuevo a la tierra. El alma viviente deja de existir, o muere.

De hecho, a causa del pecado, el ser humano (alma) se convirtió en mortal. Lo puede comprobar en Romanos 5:12 y Ezequiel 18:4. El apóstol Pablo es muy claro al afirmar que solo Dios es inmortal (1 Timoteo 6:15, 16).

Como la mayoría de la gente, Laura pensó que sería posible ponerse en contacto con los muertos. Pero ella aprendió en la Biblia que los muertos permanecen en un estado de inconsciencia, incapaces de comunicarse con los vivos. Esto está claro en textos tales como Eclesiastés 9:5 y 6, y en Salmo 146:4, entre otros. Por lo tanto, los “espíritus de los muertos” que dicen aparecer, en realidad son ángeles malos o demonios que se hacen pasar por personas que murieron (Apocalipsis 16:14; 2 Corintios 11:14).

Para Laura, el texto bíblico más interesante se refiere a la resurrección de Lázaro. La historia está en San Juan 11:11 al 14. Aquí Jesús compara a la muerte –que es un dejar de existir– con el sueño, reafirmando el concepto de pérdida del conocimiento en este estado. Cuando Jesús llamó a Lázaro de la tumba, demostró que en realidad él tiene el poder de resucitar a cualquier muerto, independientemente del tiempo que la persona haya estado en la tumba. Dicho sea de paso, de su amigo Lázaro no dice nada como que estuviera en algún lugar como el cielo, el infierno o incluso una “antesala de luz”. Lázaro estaba muerto, “durmiendo” inconsciente, descansando. Por cierto, habría sido una tremenda injusticia de parte de Cristo llamar a su amigo de nuevo a esta vida triste y hacerlo de nuevo sujeto a la enfermedad y la muerte si Lázaro ya hubiera estado disfrutando de la vida eterna en el Paraíso. Por no hablar de que el cielo no sería cielo si la gente pudiera contemplar los sufrimientos de sus parientes y amigos aquí en el mundo. ¿No le parece?

La muerte, que es dejar de existir, es como un “dormir” y, de manera inconsciente, esperar la resurrección. Nada de ir al infierno (ya) o al cielo (ya), ni mucho menos reencarnarse. Hebreos 9:27 y 28 es un texto muy claro: “Así como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después venga el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; pero aparecerá por segunda vez, ya sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan”.

Así muchos se preguntan: ¿Dónde y cómo comenzó la mentira de que el hombre no muere? Para esa respuesta, hay que remontarse al libro de los orígenes: Génesis 2:16 y 17; y 3:4. Allí dice que el Creador dejó bien en claro a Adán y a Eva que si pecaban, es decir, si se desconectaban de la Fuente de vida, el resultado sería la muerte. Pero el enemigo de Dios, Satanás, como siempre lo hace, contradijo abiertamente la palabra divina y aseguró a Eva que no moriría en absoluto (mentira que ha perpetuado con la creencia en la reencarnación y las falsas apariciones de los muertos). Al prestar atención a la voz del mal, Eva pecó, Adán pecó, y nosotros heredamos las consecuencias de esa triste elección de nuestros primeros padres.

Por supuesto, el buen Dios no nos abandona, en este mundo de pecado, en los brazos de la muerte. La Biblia está llena de promesas relacionadas con la resurrección a la vida eterna de las personas que aceptan el plan de salvación ofrecido por Dios. Textos como 1 Tesalonicenses 4:16 y 1 Corintios 15:51 aclaran muy bien que los muertos en Cristo serán resucitados con cuerpos inmortales en ocasión del regreso de Jesús, no antes o después. Por cierto, otra cosa que la Biblia aclara bien es que nadie va a ser “dejado atrás”. Los que murieron en estado de salvación por gracia serán resucitados y ascenderán al cielo con Jesús, según la promesa de él mismo (S. Juan 14:1-3), y los que despreciaron la salvación permanecen muertos por mil años en este planeta en espera del resultado del juicio de Dios, como así lo explica el capítulo 20 del Apocalipsis.

Sí, habrá dos resurrecciones distintas (S. Juan 5:28, 29), separadas por un intervalo de mil años. Lo que determina si vamos a participar en la primera resurrección, cuando Jesús regrese, es nuestra relación con él hoy. Solo en él hay vida eterna (1 S. Juan 5:12; S. Juan 3:16). Y solo conectados a él, como las ramas en el árbol (S. Juan 15:1-9), podremos ser eternos en un mundo en el cual reinen la paz y el amor (Apocalipsis 21:4).

¡Oh, si Carlos supiese todo esto! Estaría seguro de que “cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu” (Salmo 34:18), y que está dispuesto a perdonar todos nuestros pecados y darnos la vida eterna. Saber esto nos puede ayudar a enfrentar los dolores, las angustias y las decepciones de nuestra vida con mucha más fuerza y valor.

 

ANTIDEPRESIVOS: LIMITACIONES Y PROBLEMAS


Foto: pixabay.com | por Reggi Tirtakusumah

Los medicamentos antidepresivos pueden traer algún alivio temporal a estos desagradables síntomas de la depresión. Sin embargo, no curan la enfermedad. La eliminación de los agentes que causan estrés, y el cambio de actitud y comportamiento gracias a la ayuda psicoterapéutica, es lo que realmente puede contribuir a la curación.

El paciente que utiliza fármacos antidepresivos no puede sentirse mejor antes de dos o tres semanas después del inicio del tratamiento. Además, se observan los siguientes efectos: problemas de rendimiento sexual, cambios cardiovasculares, somnolencia (o insomnio), visión borrosa, nerviosismo, estreñimiento, aumento (o pérdida) de peso y sequedad bucal.

La doctora Marcia Angell, que fue directora editorial de la revista New England Journal of Medicine, señala que una revisión de los estudios sobre los antidepresivos llegó a la conclusión de que los principales medicamentos de venta con receta para este fin tenían poco más de un efecto placebo.3

Sobre la base de esta evidencia, el cambio en el estilo de vida es el mejor remedio para superar la depresión y la mayoría de las enfermedades crónicas.

 

Bibliografía

1 “Preventing suicide: a global imperative” [Prevenir el suicidio. Un imperativo global], World Health Organization: http://www.who.int/mental_health/suicide-prevention/world_ report_2014/en. Consultado el 9/02/2017.

2 James G. Phillips y Rowan P. Ogeil, “Cannabis, Alcohol Use, Psychological Distress, and Decision-making Style” [El cannabis, el consumo de alcohol, la angustia psicológica y el estilo de toma de decisiones], J. Clin. Exp. Neuropsychol (noviembre de 2016), 23:1-13 [Epub].

3 “Antidepressivos trazem mais prejuízos do que benefícios” [Los antidepresivos ocasionan más perjuicios que beneficios]. O Globo: http://oglobo.globo.com/sociedade/saude/antidepressivos-trazem-mais-prejuizos-do-que-beneficios-2896469. Consultado el 9/02/2017.