A pesar de su corta edad –Isabela tenía solo seis años–, cuando manifestaba sus rabietas, nadie quería permanecer alrededor. Era realmente aterradora; y digna de piedad. Cuanto más actuaba así, más bullying (violencia escolar) sufría, un círculo vicioso de provocación, ataques de ira y más provocaciones. Ella simplemente perdía el control y atacaba a los compañeritos y a la maestra. La mayor parte del tiempo era dócil e introspectiva, lo que llevó a profesores y consejeros escolares a sospechar que estaba vertiendo algún daño contenido o enojo sobre una situación, posiblemente en la familia. De hecho, hacía tiempo que su padre no asistía a las reuniones de padres y profesores.

A pesar de que solo era una niña, Isabela sabía que el odio, la ira y la agresión no traían ningún beneficio. Sin embargo, existen tendencias fuertes, y muchos no saben cómo tratar con ellas, ya sean niños o adultos. Como resultado, la gente está amargada por ello y termina pagando con su salud e incluso dañando sus relaciones.

La ira y el odio pueden manifestarse ocasionalmente y, como sentimientos humanos, pueden llegar a ser inevitables. Pero, cuando superan el nivel de lo esporádico, son reacciones que causan estragos en las relaciones familiares, sociales y laborales. La agresión física es inaceptable en cualquier grupo humano y debe prevenirse. Parecía que Isabela no sufría abuso físico, pero estaba claro que sufría algún tipo de privación de amor. Algo no estaba bien en su casa.

 

COMO PREVENIR LA AGRESIVIDAD


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Observándose uno mismo y adoptando hábitos simples de calma y tranquilidad, todos podemos dominar un ataque de ira y agresividad. He aquí algunas sugerencias:

Considere la importancia real de la situación – Si se mira con frialdad, casi siempre los motivos de odio son insignificantes. Pregúntese: “¿Es realmente importante el motivo para mi odio?” “¿Qué sucederá si las cosas no salen a mi manera?” “¿Vale la pena perder tanta adrenalina?” “¿Voy a tener que lamentar perder la compostura?”

Respire profundamente y cálmese – La respiración relaja. Utilícela lenta y profundamente cuando sienta que la ira está por venir. Instrúyase: “¡Cálmate, no pasará nada!” “Contrólate, ya que esto pasará”. Fue Thomas Jefferson quien dijo la famosa frase: “Cuando estás enojado, cuenta hasta diez antes de hablar. Si estás muy enojado, cuenta hasta cien”. Un consejo: Nunca envíe un correo electrónico cuando esté enojado. Si desea, escríbalo, pero guárdelo como borrador, y horas más tarde lea de nuevo el mensaje.

Trate de distraerse – Pensar en lo que le causa ira es echar leña al fuego. Ore a Dios, y pídale ayuda para superar el sentimiento negativo y realizar cualquier actividad que ocupe su mente con otras preocupaciones, hasta que la ira se desvanezca.

Elija la solución adecuada – Evite hablar a otros con frases como estas: “Eres egoísta”. “Su actitud es siempre la misma conmigo”. “¿No te importa lo que pienso?” Pruebe expresarse con frases positivas: “Me gustaría que usted intente hacerlo de otra manera”. “Estoy muy triste por esa actitud”. “Tal vez deberíamos hacer esto u otra cosa; puedo ayudar de alguna manera”.

No considere a su oponente un enemigo – Cuando alguien lo moleste con su comportamiento o sus palabras, no piense que lo está provocando. Piense en otras razones y circunstancias que explicarían ese comportamiento. Si él o ella tiene muy malas intenciones, usted admitirá que es una persona infeliz y que merece compasión por su conducta inconveniente.

Practique el perdón – Perdonar no significa perder la batalla. Un antiguo proverbio dice: “Perdona al ofensor, y saldrás ganador”. El perdón no solo produce calma y paz en usted sino también en la otra persona, quien, por otra parte, con el tiempo terminará respetándolo por su nobleza y generosidad.

Sea agradecido – La Biblia dice: “Den gracias a Dios en todo, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). Las investigaciones confirman que el simple hecho de mostrarse agradecido por algo hace que alguien sea más feliz. Investigadores de la Universidad de California afirman que practicar la gratitud puede incluso mejorar la salud.1

Ore – La Biblia también dice: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los odian, y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5:44). Los investigadores han demostrado que si una persona ora por quienes se alejaron enojados, eso suaviza la mala sensación y disipa los pensamientos negativos.2

 

LOS EFECTOS DE LA IRA EN EL COLÉRICO

Aunque en el pasado se consideró ventajoso destapar la “olla a presión” cuando se estaba airado, hoy está claro que los riesgos son mayores que cualquier pequeña ventaja que pueda lograrse con esas malas actitudes. En comparación con las personas de hábitos pacíficos, los que están airados enfrentan por lo general los siguientes problemas:

• Ellos tienen cuatro veces más probabilidades de sufrir enfermedades coronarias.
• Corren mayores riesgos de morir jóvenes.
• Experimentan sentimientos de culpa después de sus actitudes explosivas.
• Su familia y las amistades los evitan debido a su temperamento.
• Mantienen una relación matrimonial de mayor confrontación.
• Son más propensos a utilizar sustancias nocivas (tabaco, alcohol, drogas, etc.).
• Son personas con mayor riesgo de comer en exceso y sufrir aumento de peso. Antes de enojarse, piense dos veces, pues es posible detener ese comportamiento y prevenir un daño mayor.

 

PROFETAS IRRITADOS

La Biblia tiene algunos ejemplos interesantes de personas que se dejaron vencer por la ira. Por cierto, este es otro detalle especial de las Santas Escrituras: sus autores no “doran la píldora” ni plantean héroes infalibles. Sus defectos están registrados allí. ¿Sabe por qué? Porque Dios quiere que usted sepa que siempre hay esperanza para los que se someten a la voluntad y el poder divinos. Veremos dos profetas: uno, del Antiguo Testamento; otro, del Nuevo Testamento.

Jonás recibió de Dios una tarea tremendamente difícil: amonestar a los habitantes de Nínive. Para darle una idea de lo que eso implicaba, basta decir que dicha ciudad y en esa época, con más de cien mil habitantes, era la capital del terrible Imperio Asirio. Ese pueblo era tan malo que no se contentaban con matar a sus oponentes; los torturaban de manera refinada. Eran enemigos de Israel, y Dios quería que su profeta fuese hasta la capital a llevar un mensaje. ¡Eso era demasiado!

Jonás se escapó de la misión. Tomó un barco hacia el lado opuesto. Y el curso de la historia es más conocida que su resultado. Casi todo el mundo sabe que el profeta fue tragado por un gran pez y, después de tres días, regurgitado en la playa. En el vientre del pez, Jonás oró y se arrepintió. Fue a la ciudad de los asirios, les dijo que serían destruidos si sus residentes no se arrepentían, dio media vuelta y se sentó a ver qué pasaba. Pero, no pasó nada. Mejor dicho, sucedió: el pueblo de Nínive se arrepintió y cambió su actitud. ¡Toda la ciudad! Esto dejó el profeta irritado. Después de todo, ¿no había anunciado destrucción? Irritado con la misericordia de Dios, se quejó al Creador.

Dios solamente le preguntó: “¿Te parece bien enojarte tanto?” (Jonás 4:4). Y se quedó en silencio, dejando reflexionar a su hijo.

Algún tiempo después Dios habló de nuevo, revelando un poco más de su carácter de amor: “¿Yo no habría de tener piedad de Nínive, esa gran ciudad con más de ciento veinte mil habitantes que no saben distinguir cuál es su mano derecha y cuál su mano izquierda, y donde hay muchos animales?” (Jonás 4:11). Dios es así: compasivo, perdonador, paciente. Él ama a todos, ¡incluso a los animales! En el libro de Jonás, vemos al Creador trabajando por la salvación de Nínive y su profeta irritado.

En el Nuevo Testamento, cuando se habla de transformación, una de las personas que llaman la atención es Juan, más conocido como “Hijo del trueno”. ¡Ay de quien se cruzara en su camino en un mal día! Una vez, ¡incluso pidió permiso a Jesús para hacer descender fuego del cielo contra algunos enemigos para consumirlos! Pero, el tiempo de convivencia con el Maestro fue moldeando el carácter del discípulo. En pocos años pasó de ser el “Hijo del trueno” a ser conocido como el “Discípulo del amor”. ¿Cuál fue el secreto? Simple: proximidad con Jesús. Quien así vive puede decir con Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

No tenemos que luchar solos. Dios es el mayor interesado en que nosotros disfrutemos de paz interior. Él ofrece esta bendición a toda persona que lo desee, incluso a una niña de seis años como Isabela. Por desgracia, en su casa no había ningún tipo de práctica religiosa que pudiera llevarla a una relación con el “Padre del cielo”. Pero eso estaba a punto de cambiar.

 

PRUÉBESE

Para averiguar si usted es propenso a irritarse, responda “SÍ” o “NO” a las siguientes preguntas: luego, al final, compare sus respuestas con la interpretación que se ofrece más abajo.

1. ¿Le resulta difícil olvidar las cosas malas que otros le hicieron a usted?
2. Cuando no está de acuerdo con sus amigos, ¿termina discutiendo acaloradamente?
3. Cuando piensa de su oponente, ¿siente contracciones abdominales y fuertes latidos del corazón?
4. Usted ¿se irrita mucho cuando tiene que demorarse en una fila?
5. ¿Se enfurece con usted mismo cuando no puede controlar sus emociones?
6. ¿Se pone muy molesto cuando otros no son puntuales o dejan de hacer las cosas de una manera perfecta?
7. ¿Tiene una tendencia a no recordar nada de lo que dijo cuando estaba enojado?
8. ¿Ha observado los efectos perjudiciales en sus relaciones debido a su mal genio?
9. Después de airarse, ¿siente fuerte deseo de comer, fumar o beber alcohol como compensación por lo que pasó?
10. ¿Alguna vez se enfureció al punto de golpear a alguien o algún objeto?

Interpretación

• Si ha respondido “SÍ” a ocho o más preguntas, busque ayuda lo más rápido posible para poder controlar su ira. Sus relaciones personales, familiares y de trabajo están en grave peligro.

• Si su respuesta es “SÍ” de cuatro a siete preguntas, es una advertencia de que está cerca del peligro. Trate de desarrollar la paciencia y la tolerancia, y podrá convivir de manera diferente, mantener la calma, ceder, observar a los demás y aprender cómo conseguir lo que desea realizar con buenos modales.

• Si su respuesta es “SÍ” a tres o menos preguntas, usted está en la posición adecuada para enfrentar la ira y el odio. Siga así, porque usted es una persona difícil de agitar.

 

1Robert A. Emmons y Davis Michael E. McCullough, “Counting Blessings Versus Burdens: An Experimental Investigation of Gratitude and Subjective Well-being in Daily Life” [Contar bendiciones versus cargas: Una investigación experimental de la gratitud y el bienestar subjetivo en la vida cotidiana], Journal of Personality and Social Psychology: http:// greatergood.berkeley.edu/pdfs/GratitudePDFs/6Emmons-BlessingsBurdens.pdf. Consultado el 9/2/2017. Mei-Yee Ng y Wing-Sze Wong, “The Differential Effects of Gratitude and Sleep on Psychological Distress in Patients with Chronic Pain” [Los efectos diferenciales de la gratitud y el sueño sobre la angustia psicológica en pacientes con dolor crónico], Journal of Health Psychology: http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1359105312439733>. Consultado el 9/2/2017.

2 Alex M. Wood, Jeffrey J. Froh y Adam W. A. Geraghty, “Gratitude and Well-being: A Review and Theoretical Integration” [Gratitud y bienestar: Revisión e integración teórica], Clinical Psychology Review: http://greatergood.berkeley.edu/pdfs/GratitudePDFs/2WoodGratitudeWell-BeingReview.pdf>. Consultado el 9/2/2017.