Imagínese que usted estuviese caminando por la playa y de repente ve una frase escrita en la arena: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Entonces, se acerca un surfista y le dice a usted: “Estas palabras aparecieron allí, en la arena”. Usted ¿aceptaría esa “explicación”? ¿Y si él le dice que las olas se fueron estrellando contra la costa, y que el viento, al soplar sobre los granos de arena, los organizó en esa frase? ¿Todavía le creería? ¿Y si él, finalmente, le dijera que eso sucedió hace millones de años? ¿Ayudaría?

Por supuesto, la gente no acepta una historia así. ¿Sabe por qué? Porque intuitivamente sabemos que la información depende de una fuente informante. La información no viene de la nada. Y si una frase escrita en la arena nos lleva a esta conclusión, ¿qué pasaría con la enorme cantidad de información contenida en el código de la vida, el ADN?

El núcleo de una ameba, por ejemplo, tiene tanta información que daría para escribir una enciclopedia. Y si se imprime como guías telefónicas, ¡el genoma humano podría formar una pila de tomos de alrededor de 170 metros de altura! Olvídese de la frase en la arena, ¡ya que ahora se ha puesto mucho más complicado!

La complejidad de la vida apunta a un proyecto que, a su vez, señala al Diseñador. Eso es exactamente lo que el apóstol Pablo escribió en Romanos 1:19 y 20: “Para ellos, lo que de Dios se puede conocer es evidente, pues Dios se lo reveló; porque lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, y pueden comprenderse por medio de las cosas hechas, de modo que [los incrédulos] no tienen excusa”.

Dios es el creador de la vida, y nadie mejor que él para decirnos cómo nuestro cuerpo puede funcionar de la manera más adecuada. La buena noticia es que nos dejó un verdadero manual de instrucciones en la Santa Biblia. Curiosamente, los ocho principales consejos del Fabricante (que algunos llaman “remedios naturales”) están delineados desde el principio, en el primer libro de la Biblia, el Génesis. Si hacemos caso a tales consejos, ellos pueden traernos salud física, mental y espiritual.

Piense en este capítulo como una verdadera prescripción del Médico de los médicos: siete medidas saludables confirmadas por numerosos estudios científicos. Y, créame, ¡funcionan! Y lo mejor: son gratis. Comience con la más fácil de implementar (tal vez, beber más agua) y luego vaya progresando en la práctica del resto. Al octavo consejo lo dejo para el último capítulo. ¡Es una sorpresa! Usted verá la diferencia que ese consejo hizo en la vida del Pablo estresado, la ansiosa Laura, el depresivo Carlos y la pequeña Isabela con sus episodios de ira. Pero, resista la tentación de ir allí ahora. Lea, en primer lugar, lo que viene a continuación. Pida a Dios que lo ayude a aplicar estos conceptos en su vida y vuelva a estas “recetas” tantas veces como sea necesario.1

 

PRIMER CONSEJO: BEBA AGUA


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“La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas” (Génesis 1:2).

El cuerpo humano está compuesto, en un 70%, por agua. Por lo tanto, está claro que reemplazar constantemente el agua que perdemos es una medida que proporciona salud y longevidad. El agua limpia el organismo y elimina las impurezas de la sangre. Cada hora pasan a través de los riñones diez veces el volumen de sangre del cuerpo para ser examinado y purificado.

No beber agua a menudo deja el cuerpo vulnerable a infecciones e inflamaciones, especialmente de los riñones y del tracto urinario. Pero ¿cuál sería la cantidad ideal de agua que debemos beber todos los días? En promedio, se recomiendan ocho vasos por día entre comidas, para evitar ingerir líquidos con los alimentos.

Beneficios del agua – Al beber agua suficiente, su cuerpo se siente bien y envía una señal positiva al cerebro. Esto ayuda a mejorar el estado de ánimo y, por lo tanto, la productividad.
Cuando el estómago recibe agua, se prolonga la sensación de saciedad. Por otra parte, vale la pena recordar que el agua no contiene calorías, grasas, carbohidratos o azúcares, una valiosa contrapartida y ventaja sobre la enorme cantidad de bebidas con alto contenido calórico, como el alcohol, las gaseosas y los jugos elaborados.
El agua hidrata la piel, lo cual ayuda a aumentar su elasticidad y retrasar las señales del envejecimiento.
El agua ayuda a fortalecer el sistema de defensa del cuerpo. Reforzado, este puede luchar mejor contra las enfermedades.

¿Y si no tomo agua? – Si se siente cansado, una de las razones puede ser la falta de agua. Ella elimina toxinas y residuos que pueden dañar el cuerpo. Además, cuando usted ingiere poca agua, el corazón tiene que trabajar más para bombear la sangre.
A menudo, la causa de dolores de cabeza y migrañas tiene que ver con la deshidratación. Cuando le duela la cabeza, y antes de tomar cualquier medicamento, beba agua para hidratarse. Puede ser que se resuelva el problema.
El mal aliento puede ser un signo de deshidratación. La saliva ayuda a la boca a deshacerse de las bacterias y a mantener la lengua hidratada.
Como puede ver, el agua es vital tanto para el planeta como para nuestro cuerpo. ¡Beba agua!

 

SEGUNDO CONSEJO: TOME BAÑOS DE SOL


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“Dijo Dios: ‘¡Que haya luz!’ Y hubo luz” (Génesis 1:3). Los rayos solares ejercen múltiples efectos en el cuerpo humano. Ayudan a combatir las bacterias y otros microorganismos. La acción antiséptica es producida por los rayos ultravioleta. Si la dosis de radiación solar que la piel recibe es apropiada, todos los procesos vitales serán estimulados por la luz visible, y los rayos infrarrojos y ultravioleta, que no podemos ver. Y así actúan sobre:

Piel – Dilatan los vasos superficiales, provocando un aumento del flujo sanguíneo a la piel y ayudando a prevenir la acumulación de sangre en los órganos internos del tórax y el abdomen. Estimulan la producción de melanina, pigmento celular que proporciona el tono del bronceado, la cual, al mismo tiempo, refuerza las capas superficiales de la piel, protegiéndola así contra la radiación solar excesiva. Los rayos solares tienen una acción bactericida, pues eliminan varios microorganismos. Por lo tanto, ayudan a desinfectar y curar las heridas superficiales.

Huesos – Ayudan a formar la vitamina D en las células de la piel. Esta vitamina promueve la asimilación del calcio ingerido con los alimentos, lo cual contribuye de manera decisiva a la formación y el buen estado de los huesos.

Músculos – Mejoran el flujo sanguíneo y estimulan los procesos bioquímicos de los productores de energía que ocurren en las células musculares. El resultado es un incremento del tono muscular, especialmente beneficioso para los enfermos sometidos a inmovilización.

Sangre y metabolismo – Estimulan la hematopoyesis; es decir, la producción de los glóbulos rojos y blancos de la sangre, y de las plaquetas en la médula ósea. Disminuyen el nivel de glucosa en la sangre, y aumentan la tolerancia a los hidratos de carbono, lo que es beneficioso para los diabéticos.

Sistema cardiorrespiratorio – Estimulan el sistema nervioso simpático; aumentan la presión arterial, el pulso, la respiración, el metabolismo basal y el consumo de oxígeno. Pero, a medida que la piel empieza a estar más bronceada y resistente, disminuye la presión sanguínea y el metabolismo basal, haciendo que el pulso y la respiración sean más lentos.

Sistema nervioso – Estimulan las terminaciones nerviosas de la piel, influyendo favorablemente en el cerebro y provocando una agradable sensación de bienestar.

Sistema endocrino – Los estímulos luminosos que inciden sobre la retina se transmiten al cerebro en forma de impulsos nerviosos que actúan, entre otros órganos, en la glándula pituitaria, que controla la producción de hormonas en las otras glándulas endocrinas. La actividad de los ovarios y los testículos, por ejemplo, depende en gran medida de la cantidad de luz que llega a la retina.

 

Precauciones

Cuanto más tiempo permanezca a la luz del sol, y más directa sea sobre la piel, mayor será el efecto negativo. Se destacan las quemaduras de primer grado, el envejecimiento de la piel e incluso el cáncer. En los ojos puede desencadenar conjuntivitis y keratomalacia (inflamación de la córnea), además de favorecer la formación de cataratas y la degeneración macular (cambios en la retina con pérdida de visión).

 

Modo de empleo

Abrir la ventana de la habitación, y mover las cortinas y las persianas. Caminar al aire libre todos los días, incluso si está nublado. Siempre que sea posible, tome su “baño de sol” entre las 7 y las 9 o entre las 16 y las 17. De 20 a 30 minutos de exposición son suficientes. Si el lugar donde trabaja es totalmente cerrado, alterne con unos minutos al aire libre en la hora del almuerzo. Al hacer ejercicios, prefiera estar al aire libre o en un ambiente bien iluminado, con las ventanas abiertas.

 

TERCER CONSEJO: RESPIRE PROFUNDO


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“Dios hizo la bóveda [atmósfera]… Dios llamó ‘cielos’ a la bóveda” (Génesis 1:7, 8).

Nuestros pulmones inhalan más de veinte mil litros de aire por día. Su superficie es lo suficientemente grande como para cubrir una pista de tenis. La nariz es nuestro sistema de aire acondicionado personal: calienta el aire frío, enfría el aire caliente y filtra las impurezas.

El aire contiene aproximadamente un veinte por ciento de oxígeno, siendo el resto nitrógeno y otros gases. Dado que el cuerpo humano funciona con oxígeno, cada célula debe recibir un suministro constante y renovado de este gas o morirá.

Diariamente pasan a través de los pulmones doce metros cúbicos de aire, que entran en el tracto respiratorio, llegan a los alvéolos y alcanzan una superficie superior a los setenta metros cuadrados. El problema es que el mismo aire que transporta el oxígeno vital también puede contener otros gases menos saludables, además de partículas que llegan a los alvéolos y otras regiones, donde producen irritación.

En general, la contaminación del aire actúa como un factor de apoyo en la enfermedad de una persona, pues exacerba el marco existente. Las personas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares son las más susceptibles a la contaminación del aire.

Necesitamos respirar – A pesar de la contaminación del aire, necesitamos respirar. Una persona con trabajo sedentario necesita de trescientos a quinientos litros de aire por hora, y si se está haciendo un trabajo físico intenso necesitará de dos mil quinientos a cuatro mil litros por hora. Por lo tanto, es importante pasar el mayor tiempo posible en contacto con la naturaleza y en las zonas rurales, donde el aire es más limpio.

Cuando respiramos con regularidad, tranquila y profundamente, además de irrigar el cerebro, el aire llega a todas las partes de los pulmones, haciendo que la sangre circule correctamente también por ellos. También hay un aumento en la resistencia local a las infecciones del tracto respiratorio (laringe, tráquea y bronquios); la mucosidad retenida en las vías respiratorias se expulsa por medio de la tos o el esputo; aumenta la resistencia a la infección; mejora el rendimiento intelectual y reduce la irritación.

Siga estos consejos para una mejor respiración:

• Elimine el humo en los lugares cerrados.
• Limpie regularmente los conductos de aire y los filtros de los acondicionadores de aire.
• Ventile su casa abriendo las ventanas y las puertas, al menos, una vez al día. En los días nublados y llenos de humo, hágalo por la noche o temprano en la mañana.
• Si es posible, duerma con una ventana abierta, para ventilar la habitación.
• Use purificadores de hogar con moderación.
• No deje el coche en marcha en un garaje contiguo a la casa o cerca de una ventana abierta.
• Haga ejercicio físico aeróbico (correr, nadar, montar en bicicleta, caminar vigorosamente).
• Mantenga el motor de su coche regulado y, si es posible, algunas veces deje el auto en casa y camine hasta el trabajo.
• Beba agua, por lo menos de seis a ocho vasos al día.
• Mantenga la piel limpia e hidratada.
• Lávese el cabello con frecuencia.
• No tire basura o residuos a la intemperie.
• Al establecer residencia, busque lugares con la mejor calidad de aire.
• Acostúmbrese a pasar los fines de semana y días largos fuera de la ciudad. Respire aire puro del campo.
• No haga ejercicio físico en lugares de intenso tránsito de automóviles.

 

CUARTO CONSEJO: ALIMÉNTESE BIEN


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“Dijo Dios: ‘¡Miren! Les he dado toda planta que da semilla y que está sobre toda la tierra, y todo árbol que da fruto y semilla. Ellos les servirán de alimento’ ” (Génesis 1:29).

El cardiólogo Everton Padilha Gomes realizó un estudio titulado AdventoIncor en su doctorado en Cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo (USP), Rep. del Brasil. El estudio, a largo plazo, se había propuesto analizar el estilo de vida de los adventistas del séptimo día y la prevalencia de factores predisponentes a enfermedades crónicas, especialmente cardiovasculares. Los resultados de los que siguen la orientación del estilo de vida adventista, incluyendo el vegetarianismo, fueron comparados con los de las personas que no siguen estos principios.

Estudios realizados en los EE.UU. demostraron que los adventistas que siguieron las recomendaciones de salud de la iglesia, como una dieta equilibrada y ejercicio físico, vivían hasta 10 años más que el promedio de los estadounidenses. Everton reprodujo la investigación estadounidense en San Paulo, con 1.500 adventistas, y con edades comprendidas entre 35 y 74 años.

Los participantes fueron divididos en tres grupos: vegetarianos estrictos, lacto-ovo-vegetarianos (vegetarianos que comen huevos y beben leche) y personas que comen carne. El grupo de los vegetarianos obtuvo las respuestas más significativas: reducción del 10% de la medida de la cintura, y de colesterol total un 10% menor. Los índices que indicaban mayor predisposición a la diabetes y a alteraciones en los vasos sanguíneos fueron alentadores: 20% menos.

Everton aprovechó los datos para reforzar que “lo más importante es aumentar el consumo de frutas y verduras en nuestra dieta, y que los vegetarianos tienen una dieta equilibrada”.

Al comienzo de la investigación, él aún mantenía los viejos hábitos alimentarios, hasta que, poco a poco, se fue rindiendo: “O me quedaba con autojustificaciones y luego sufría las consecuencias de un estilo de vida inadecuado, muchas de las cuales ya estaba empezando a padecer, o me rendía ante las evidencias”, confiesa.

Afortunadamente, Everton optó por el camino más trabajoso, pero también más gratificante. Su dedicación al estudio Advento fue el gran enfrentamiento que necesitaba. Sus 128 kg y un índice de masa corporal 41 comenzaron a molestarlo más que antes. Además, quería que su discurso médico estuviese en armonía con sus prácticas personales de salud. “Puedo decir que ‘tiré a la basura’ lo mucho que sabía de medicina y de iglesia que no practicaba”, señala.

Al decidirse por un nuevo estilo de vida, Everton dice que no necesitó ninguna fórmula mágica ni dieta especial: “Adopté una dieta regular de tres comidas al día que consistía en alimentos simples. También excluí el azúcar y la mayoría de los productos refinados”.

Las horas después del trabajo, dedicadas a la lectura de mensajes de correos electrónicos, redes sociales, películas y series fueron reemplazadas por la soga. “No fue fácil, sobre todo en el primer mes. Es sorprendente ver que el cuerpo realmente depende de algunas cosas. Al principio me sentía impotente. Después se fue haciendo más fácil. Hoy, sin exagerar, hasta me enfermo por el olor de ciertos alimentos. Mi paladar se hizo más preciso. En fin, siento que mi cuerpo está funcionando mejor. En tres meses, cambiaron de manera significativa y positiva mis análisis. Ni en mis pacientes que utilizan los medicamentos más sofisticados vi algunos de los cambios que he experimentado”, dice Everton.

El cardiólogo perdió casi cincuenta kilos en un año. Y a los voluntarios del estudio les cuenta su experiencia. Actualmente se siente más libre para aconsejar a los pacientes porque ellos ven un cambio y una diferencia en la vida del propio médico.

Además de calorías, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, alimentos como las naranjas, el brócoli y los tomates tienen principios médicos maravillosos. Estos alimentos, apodados funcionales, pueden clasificarse en dos grupos: alimentos con actividad inmunomoduladora (tienen fitoquímicos capaces de modelar y activar la acción del sistema inmune) y alimentos con actividad antioxidante (combaten los radicales libres). La verdad es que la comida ha sido diseñada para satisfacer las necesidades nutricionales de los seres vivos. Conocerlos y saber cómo usarlos es sinónimo de buena salud.

La mejor manera de ingerir la comida es en su estado más natural posible. Lo ideal es que al menos el 50% de la comida sea alimentos crudos. Prefiera alimentos integrales, de alto valor nutritivo y altos en fibra, los cuales son capaces de reducir la exposición a agentes carcinogénicos debido a su capacidad para regular la función intestinal.

Alimentos muy procesados, grasas animales y grasas trans, azúcares, sal y cereales refinados ocasionan una gran cantidad de daños a la salud, al causar obesidad, cáncer, diabetes y disminución de la resistencia inmunológica. Los embutidos y los refrescos son parte de una larga lista de productos que han demostrado hacer mucho daño al cuerpo.

Es preferible ingerir tres comidas al día, alimentándose bien por la mañana y de manera liviana por la noche, horas antes de la irse a dormir. También es bueno evitar beber líquidos con los alimentos, como ya hemos dicho.

La buena nutrición comienza con la sabia elección de los tipos de alimentos que se transformarán en nutrientes necesarios para mantener el cuerpo en buen estado. Es en el intestino donde se absorben esos nutrientes. Una dieta alta en fibras promueve la buena función intestinal, lo que es muy importante para la salud.

En el siglo XIX, la escritora Elena de White aconsejó: “Después de que se ha ingerido la comida regular, debe dejarse que el estómago descanse cinco horas. Ni una partícula de comida debe ser introducida en el estómago hasta la siguiente comida. En este intervalo el estómago efectuará su trabajo y estará entonces en condición de recibir más alimento”.2

Las glándulas salivales necesitan algunas horas para recargar la “reserva” de ptialina. Cuando se come cualquier cosa antes de la comida habitual, el cerebro ordena a la glándula liberar saliva, pero ¡el estómago también necesita un “descanso” entre una comida y otra! Por lo tanto, procure comer en horarios adecuados y evite “pellizcar” fuera de tiempo.

 

QUINTO CONSEJO: HAGA EJERCICIO


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“Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:15).

Una cosa es cierta, y los médicos de todo el mundo están de acuerdo con ella: hacer ejercicio físico regular proporciona beneficios que ninguna caja de remedios puede ofrecer. Después de todo, hemos sido creados para una vida activa.

En su libro Spark!: The Revolutionary New Science of Exercise and the Brain, John Ratey, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Harvard, dice que los niveles tóxicos de estrés desgastan las conexiones entre las miles de millones de neuronas y que la depresión crónica reduce ciertas áreas del cerebro. Por otro lado, el ejercicio libera una cascada de neuroquímicos y factores de crecimiento que pueden revertir ese proceso, ayudando a mantener la infraestructura cerebral. Esto contribuye incluso a la capacidad de aprendizaje.

Hay muchas otras ventajas del ejercicio físico regular:

• Ayuda a fortalecer el corazón y a aumentar la capacidad pulmonar, lo que otorga a la persona una mejor disposición para las tareas cotidianas comunes.
• Previene la osteoporosis, pues ayuda a los huesos a retener una mayor cantidad de calcio.
• Los ejercicios aeróbicos (correr, andar en bicicleta, nadar y caminar con energía) combaten el estrés y la depresión, así como, entre otros beneficios, revierten el cuadro de situación de las enfermedades metabólicas adquiridas (diabetes, cáncer y enfermedades del corazón).
• Disminuye la presión arterial, ya que, después del ejercicio, disminuye la cantidad de adrenalina. Además de controlar la presión, el ejercicio físico moderado impide que las personas normales vayan a sufrir de tal problema.
• Ha demostrado ser capaz de reducir los altos niveles de colesterol y grasa saturada en la circulación sanguínea. También aumenta la producción de colesterol bueno, que protege las arterias.
• Practicarlo ayuda a restaurar los límites fisiológicos en términos de las necesidades de alimentos, especialmente si el ejercicio está acompaño de una alimentación natural. Además, la tiroides es estimulada para pasar varias horas funcionando después de un esfuerzo físico, lo que acelera el metabolismo general. Esto ayuda a controlar el peso.
• Libera endorfinas y provoca sensación de bienestar; mantiene el estado de ánimo bajo control; en el largo plazo, reduce la frecuencia cardíaca en reposo, aliviando al corazón; facilita la acción de la insulina y la circulación periférica, tratando la diabetes tipo 2; mejora la imagen de uno mismo; reduce la tasa de triglicéridos; favorece el buen sueño. La lista de beneficios es mucho más extensa.

Y si todavía no está convencido de que necesita moverse, sea consciente de que la falta de actividad continuada puede conducir a la falla crónica de aptitud física, por lo que la persona es vulnerable a la fatiga y a cansarse demasiado con el esfuerzo físico normal. Un estilo de vida sedentario es causa comprobada de diversas enfermedades.

Así que, ¡empiece a moverse! Su cuerpo, su cerebro y sus emociones se lo agradecerán.

 

SEXTO CONSEJO: DESCANSE


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“Dios terminó en el día séptimo la obra que hizo; y en ese día reposó de toda su obra. Y Dios bendijo el día séptimo, y lo santificó, porque en ese día reposó de toda su obra” (Génesis 2:2, 3).

La idolatría al trabajo encontró un terreno fértil en nuestra disposición innata hacia el consumo y la acumulación de bienes. Para tener cosas, muy a menudo nos matamos trabajando. Muchos viven al límite de la fatiga, sin darse tiempo para vivir (como Pablo, ¿recuerda?). El descanso es más que la suspensión de actividades. Es renovación y reconstrucción. Vea algunas actitudes que pueden ayudarlo a obtener un poco más de descanso:

Trabaje lo justo – Cierre sus horas durante el horario normal y, al volver a casa, deje todos los problemas en el trabajo. Si usted piensa que sin su servicio nada caminará o que la empresa irá a la quiebra, recuerde que, si usted se enferma o muere, otros lo reemplazarán.

Relájese – Los músculos necesitan un período de descanso y recuperación. Uno de los mejores relajantes fisiológicos es el ejercicio físico. Por ejemplo: media hora de caminar a paso ligero es suficiente.

Duerma – No sacrifique sus preciosas horas de sueño en actividades que lo dejarán aún más tenso. Si tiene insomnio, evite tomar tranquilizantes para dormir. Haga ejercicio moderado por lo menos cuatro veces a la semana. No coma demasiado de noche. Prefiera un alimento sobre la base de frutas y pan. Apague todas las luces. Un baño caliente antes de irse a la cama también ayuda a relajarse. Actividades en la computadora, películas y noticiosos agitan el cerebro. Lea un Salmo de la Biblia y trate de confiar en Dios. Entréguele sus problemas y preocupaciones.

Un día cada semana – Reserve un día de la semana como especial para el descanso físico, mental y espiritual. Como hemos visto, fue pensando en eso que Dios estableció la semana mediada por un día de descanso: el sábado. En ese día, el reposo de acuerdo con el mandamiento bíblico incluye el cese de todas las actividades del trabajo común, y una separación de tiempo para meditar y llevar a cabo actividades tales como visitar a enfermos y necesitados (Mateo 12:12). Si usted es una de esas personas que creen que nunca puede detenerse, recuerde que Dios creó el mundo en seis días e hizo una pausa en el séptimo.

Treinta días al año – Disfrute de las vacaciones para estar con sus hijos. Este período debe ser sagrado para la familia. Salga y haga cosas diferentes; cambie de actividad. Incluso si es propietario de su negocio, no deje de armar un plan de vacaciones. Hágalo. Usted lo necesita. La vida continúa, los niños crecen, nosotros envejecemos y morimos, y el trabajo permanece.

 

SÉPTIMO CONSEJO: PRACTIQUE EL DOMINIO PROPIO


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“Dios el Señor dio al hombre la siguiente orden: ‘Puedes comer de todo árbol del huerto, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y del mal’ ” (Génesis 2:16, 17).

Compulsión es la dificultad que una persona tiene que ejercer el control sobre un hábito. Se estima que un tercio de los adultos lucha contra algún tipo de compulsión. Hablamos de compulsión alimentaria, compulsión relacionada con los vicios de fumar y beber, compulsión sexual, etc.

La compulsión alimentaria es en gran parte la responsable del alto índice de obesidad en el mundo. Mucha gente come demasiado para llenar una especie de vacío –no sólo el estómago– y no puede controlar el impulso por medio de medicamentos.

Los fumadores tienen una mayor incidencia de cáncer de pulmón, boca, laringe, esófago, páncreas, vejiga y riñones que los no fumadores. Y las úlceras estomacales y duodenales son un 60% más comunes entre ellos. El vicio de fumar quita el calcio de los huesos, lo que acelera el proceso de la osteoporosis.

El hábito de beber alcohol también cobra un alto precio. El alcohol promueve el aumento de la presión arterial y es tóxico para los músculos del corazón. Aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular, muerte súbita por arritmias y el músculo cardíaco enfermo, y contribuye al desarrollo de cirrosis y cáncer.

Para vencer – La resistencia a la compulsión comienza con el ejercicio del autocontrol, que puede definirse en una sola palabra: temperancia; la abstinencia de todo lo que es dañino y la utilización equilibrada de todo lo que es bueno.

Mantenerse informado acerca de la importancia del estilo de vida saludable ayuda mucho, pero buscar fuerzas en Dios también es muy importante. La fuerza recibida a través de la oración y la comunión con el Creador influirá en nuestra capacidad para hacer cambios, sustituciones y alteraciones en nuestros hábitos.

Poner en práctica los consejos de este capítulo harían mucho bien a Pablo, a Laura, a Carlos e incluso a la pequeña Isabela. ¿No le parece? Les harían bien a ellos, pero también le harían bien a usted. ¿Qué tal comenzar hoy?

 

1 La mayor parte de este capítulo (la sección de consejos) es una adaptación autorizada por Francisco Lemos, autor del artículo “Os Mais Simples Remédios” [Los remedios más sencillos], Vida e Saúde (julio de 2014), pp. 9-25.

2 Elena de White, Consejos sobre el régimen alimenticio (Florida, Bs. As.: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2013), p. 199.