Muchas personas viven con sentimientos de culpa infundados; de una culpabilidad falsa o dudosa. Esto las lleva a los conflictos y a las siguientes tendencias: complejo de inferioridad, perfeccionismo, constante autoacusación, miedo al fracaso (con el consiguiente estado de vigilancia permanente) y demandar demasiado de los demás. Por otro lado, el sentimiento de culpa justificado es una característica útil que fomenta el comportamiento correcto y respetuoso, lo que favorece la convivencia. El sentimiento de culpa real es un síntoma de una conciencia alerta, que sirve como una autocensura, y previene los crímenes y la falta de moral.

Durante muchos años Carlos vivió como si no tuviera culpa alguna ante la familia que abandonó, y la hija creció con una gran cantidad de problemas emocionales como resultado de lo experimentado en la infancia. Ahora, al vivir en un hogar de ancianos y ver que la muerte se acercaba, su conciencia finalmente parecía estar despertando. Sin embargo, ¿qué hacer con este sentimiento? No tenía más que pedir disculpas a su esposa y a su hija, pero, como hemos visto, ella se negaba a verlo. La desesperación y la frustración aumentaban día tras día.

Si se comprueba la culpa, la solución es buscar la restitución siempre que sea posible, y pedir perdón a Dios y a las personas ofendidas. La solución consiste en saber que Dios está dispuesto a perdonar incluso el mayor fracaso, incluso los que no son perdonados en el nivel humano: “Si sus pecados son como la grana, se pondrán blancos como la nieve. Si son rojos como el carmesí, se pondrán blancos como la lana” (Isaías 1:18). Para recibir el perdón y la reconciliación de Dios, también debemos perdonar a los demás. Esto ayuda en el proceso de perdonarse a sí mismo, que es el principal objetivo del sentimiento de culpa.

En cuanto a la culpa infundada o exagerada, el proceso requiere ciertas actitudes. Entre las principales, podemos mencionar las siguientes:

Evitar los enfoques excesivamente estrictos – Los entornos familiares o sociales en los que hay autoritarismo e intimidación contribuyen a una conciencia limitada, con el consiguiente riesgo de culpa falsa. Es necesario buscar la eliminación de este tipo de situaciones.

Hacer lo que es correcto y descansar en Dios – Tome decisiones y acciones basadas en principios divinos, y descanse en cuanto a los resultados y las consecuencias por venir.

Sacar lecciones de los errores y los fracasos – Después de pedir perdón a Dios y a las personas afectadas por sus errores, y de buscar una reparación, haga del perdón una motivación y un aprendizaje para actuar de manera diferente en el futuro.

Abrir el corazón a alguien de mucha confianza – Hablar de sentimientos de culpa con un amigo de confianza ayuda a organizar nuestras propias ideas. En todos los casos, este procedimiento sirve para aliviar y reducir algo la tensión creada por el sentimiento de culpa.

 

CUANDO LA CONCIENCIA SE PERVIERTE


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La conciencia no siempre nos dicta una sabia regla de conducta. Existen conciencias demasiado estrictas. Otras, en cambio, no tienen límites. Quienes son demasiado estrictos esperan que lo mismo ocurra con los demás, que todo funcione según sus parámetros. Y los que no tienen límites consideran que todo está bien. Por eso, en Proverbios 16:25 está escrito: “Hay caminos que el hombre considera buenos, pero que al final resultan caminos de muerte”.

Por lo tanto, es necesario contar con normas externas y trascendentes, principios éticos de valor universal. No en vano el apóstol Pablo advirtió a su discípulo Timoteo con respecto a algunos que, al tener la conciencia cauterizada, ordenarían a los creyentes hacer cosas absurdas (1 Timoteo 4:2, 3).

Las conciencias insensibles son incapaces de servir como una guía de conducta confiable.

 

SALUDABLE EN JUSTA MEDIDA

Un estudio realizado por Grazyna Kochanska y sus colegas encontró que el sentimiento de culpa, en la medida exacta, ayuda a los niños a respetar las normas y respetar a los demás. Participaron en este estudio 106 niños y niñas en edad preescolar (de 2 a 5 años). Para comprobar el grado de culpabilidad, los investigadores hicieron que los niños acreditaran que habían echado a perder un objeto muy valioso. Poco después se observó la conducta de cada uno, y se pidió la opinión de las madres y de los niños. Estos son los resultados más importantes:

• Las niñas mostraron un mayor sentimiento de culpa que los niños.
• Los preescolares de familias bien estructuradas manifestaron menores sentimientos de culpa.
• El nivel de culpabilidad de niños de dos años mantenía relación con la autonomía moral de los de cinco años.
• Los niños con sentimientos de culpa violaron menos reglas que quienes no sentían culpa.
• Solo la medida justa de culpabilidad ayuda a prevenir la mala conducta.

 

EL PERDÓN DEL PADRE


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Una de las parábolas más bellas y conocidas contadas por Jesús es la del hijo pródigo, en Lucas 15:11 al 32. Esta es la historia de un padre y sus dos hijos, uno de los cuales, cansado de la vida tranquila en su casa, decidió abandonar todo y buscar la libertad en el mundo exterior. Como si no fuera poco el dolor que le provocaba a su padre con su actitud rebelde y desagradecida, le pidió su parte de la herencia familiar, algo que los hijos solo reciben cuando sus padres mueren. El padre, respetando la libertad de elección de su hijo, le dio el dinero. El hijo se fue de la casa.

Libre de las restricciones paternas, el muchacho empezó a desperdiciar dinero en bebidas, fiestas y promiscuidad. Mientras tuvo recursos, estaba rodeado de “amigos”. Sin embargo, el dinero se terminó y el hambre golpeó a la puerta. ¿Qué hacer? Buscó puestos de trabajo y terminó cuidando cerdos, una obra extremadamente humillante para un judío. El joven que quería ser libre, de repente, se encontró esclavo de las circunstancias. El que tenía todo en casa pasó a competir en la alimentación de los cerdos para no morir de hambre. ¿Dónde estaban los “amigos”, las mujeres, los sonidos de las fiestas?

El texto dice que el joven decidió ir a “una tierra lejana”, símbolo más que apropiado para el pecado, que nos aleja de Dios y de nosotros mismos. Comenzó todo lo que consideraba bueno en la vida, alimentó por un tiempo la ilusión de libertad y alegría. Pero, no hay felicidad fuera de Dios, en la “tierra lejana”. Lo que este joven descubrió es que en el “país lejano” solamente hay frustración, tristeza, humillación, culpa y vacío.

En medio de esta deplorable situación, decidió volver con la intención de ser aceptado por su padre como uno de sus empleados. Este hijo todavía tenía mucho que aprender sobre el hombre a quien había dado la espalda. Sin embargo, a pesar de su conocimiento limitado, sabía que su padre era justo y amante. Y fue esta idea lo que le hizo pensar en volver. Siempre es la bondad de Dios lo que nos guía al arrepentimiento y nos atrae a él (Romanos 2:4; Jeremías 31:3).

Cabizbajo, con las ropas rasgadas y una tonelada de culpa sobre sí mismo, se acercó a la casa. Pero no sorprendió al padre, quien lo vio a la distancia y corrió hacia él, le dio un abrazo bien fuerte y cubrió su miseria con la capa real. Su padre siempre lo había estado esperando. Él nunca dejó de amarlo. Por lo tanto, recibió como hijo al joven arrepentido sin echarle en cara sus pecados. El pasado estaba olvidado; sus pecados, perdonados; nadie podía decir nada en contra.

Satanás vive diciendo la mentira de que el Señor no puede aceptar a los pecadores que regresan a menos que sean lo suficientemente buenos como para poder volver. Si espera hasta que eso ocurra, el pecador nunca irá a Dios.

El mensaje central de la parábola es el amor del padre, que es claramente Dios. Él nos acepta, nos perdona y nos ama. Siempre. Este conocimiento marcaría una gran diferencia en la vida de Carlos y cada pecador que vive bajo la pesada nube del sentimiento de culpa. ¿Ha tomado la decisión de volver al Padre?

 

AUTOEXAMEN

 

Existe una estrecha relación entre ciertos comportamientos y el sentimiento de culpa. Las siguientes preguntas representan conductas asociadas con la culpa. Responda con un “SÍ” o un “NO”.

1. Usted ¿creció en un ambiente donde había autoritarismo e intimidación?
2. ¿Le resulta muy difícil perdonarse sus errores?
3. ¿Le resulta difícil perdonar a quienes lo ofenden?
4. ¿Está constantemente con miedo a romper alguna regla social?
5. ¿Se asusta ante cualquier indicio de malas noticias?
6. ¿Siempre siente miedo al pensar en el futuro?
7. ¿Se aborrece cuando algo no le sale perfecto?
8. ¿Se siente demasiado molesto por la falta de puntualidad?
9. ¿A menudo siente complejo de inferioridad?
10. ¿Se disgusta fácilmente consigo mismo y con los demás?
11. ¿Se preocupa excesivamente por la opinión que otros tienen de usted?
12. En su imaginación, Dios ¿siempre es infeliz a causa de sus pecados e imperfecciones?

Si su respuesta es “SÍ” a más de tres preguntas, es propenso a la falsa culpa y debe buscar soluciones. Comience con los consejos de este capítulo y, si le resulta insuficiente, busque ayuda profesional.